No podemos aprender a jugar si no nos enseñan las reglas del juego

El ser humano tiene una capacidad innata de aprendizaje por imitación (también la tienen los primates, en algunos casos más evolucionada que nosotros). Basta con observar durante algunos minutos la lógica de un juego, la manera en que se opera cierta maquinaria, cómo se realiza un trabajo manual o una artesanía, para tener la capacidad de imitar las acciones que se nos presentan. Lo mismo ocurre con el dinero y nuestro manejo dentro de la economía. Desde pequeños vemos a los adultos intercambiando papel por diferentes objetos, ya en la primaria nos entregan alguno de esos papeles, el Ratón Pérez nos ha permutado un diente por algunas monedas.

Entramos desde muy pequeños a imitar las conductas que hemos visto en nuestros referentes adultos. Cumplimos la mayoría de edad y en nuestro primer empleo formal llega el cartón mágico, aquel que ni siquiera necesita del papel para entregarnos ese helado, ese zapato, pagar esa comida. Ingresamos a una realidad fantástica, que unas semanas después se traducen en una pesadilla que conocemos como “extracto bancario”. Este thriller de acción nos lleva a una película llamada “sobreendeudamiento” y otras películas de la saga. De manera consciente, ninguna persona se sobre-endeuda por decisión propia y con pleno uso de razón. La concatenación de hechos que nos llevan a estar sobre-endeudados responde a un factor muy simple: No nos enseñaron las reglas del juego, ingresamos al mercado económicamente activo sin conocer las reglas del juego, las cuales son fundamentales para sobrevivir sin presiones innecesarias y las que nos permitirán utilizar los productos bancarios de manera responsable y en nuestro beneficio.

Demonizar las palabras “Plazo Fijo”, “Tarjeta de Crédito”, “Cheque”, “Cuotas”, “Préstamo” no servirán como solución para abordar la problemática. Los productos financieros nacen para dar solución a una problemática o a una necesidad, como diría Martin Buber: “El rezago del hombre ante sus obras nace cuando las herramientas creadas para facilitar su propia existencia lo someten”.

Semanas como la Semana Global del Dinero (“Global Money Week”: movimiento mundial que busca sensibilizar sobre el buen uso del dinero a niños, niñas, adolescentes y adultos), evidencian que las personas estamos por lo general imitando el juego del uso del dinero que hemos aprendido por observación, pero sin interiorizarnos sobre las reglas o aristas propias del juego. ¿Qué es una tasa activa? ¿Qué es una tasa pasiva? ¿Inversión y gasto son sinónimos? ¿Ahorro es gastar menos o destinar dinero con fines preventivos o aspiracionales? ¿Por qué no se reduce nunca mi deuda de tarjeta si todos los meses pago el monto mínimo requerido? ¿Qué es un fondo de inversión? ¿Desde qué monto fijo puedo tener una cuenta de ahorro en un Banco o Financiera de plaza? ¿Es gratis la emisión de cheques?

Si no pudieron responder una de las preguntas anteriores o dudaron, simplemente responde a lo expresado en el título de este artículo: no hemos aprendido las reglas del juego, porque no nos las han enseñado. Es un hermoso gesto comprar el chanchito y enseñar a los niños a guardar monedas, pero es un hábito que se pierde luego, porque llegada cierta edad hay que evolucionar de la simple acción a la comprensión y es ahí donde muchos caemos en dejar la práctica del ahorro a un lado. La Educación Financiera es de vital importancia para todos, sin importar nuestra edad porque, aunque no tengamos ingresos propios o la edad legal para ejercer actividad laboral, la economía marca el ritmo de la montaña rusa de emociones que vivimos como país, como sociedad.

Es menester de todas las instancias de aprendizaje (la familia, la comunidad educativa, la sociedad civil, el sector empresarial y el Estado) formalizar y fortalecer una Educación Financiera aplicada a nuestra realidad y a las necesidades de nuestros compatriotas, donde conocer las reglas del juego puede ayudarnos a evitar malos ratos, situaciones incómodas y por sobre todo, permitirnos jugar mejor.

Escrito por Bruno Vaccotti, de Educación emprendedora.

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