Black mirror

Gato. Strecosa. [Pixabay]

Otra vez rompí la pantalla del celular. Todavía funciona pero en la parte superior derecha quedó un bache que raspa cuando hablo por teléfono. Ya casi no hablo pero ahora va a resultar inconveniente. No es una gran molestia, es de esas molestias chiquititas que no te cagan la vida pero en dos meses, por ejemplo, te subís al colectivo y la SUBE no tiene carga y te da ganas de llorar. Y llorás. Y el colectivero se sorprende, se ríe y te dice no es para tanto, macho. Y vos le contestás con mirada de fuego como diciendo ya sé, obvio, pero te juro: abro los ojos y lloro. No entiendo qué pasa, señor chofer de colectivo. Le juro que cerraría los ojos así no lo molesto con mis lágrimas si no fuera porque tengo que ir en este colectivo ¿Alguien me presta la SUBE? Le pago. Y alguien te la presta, no te acepta los billetes y, como forma de agradecimiento, sin decir nada porque ya estás completamente psiquiátrico, sacás tu teléfono con bache y le decís todo empezó hace dos meses, mirá, ves, un pequeño bache que raspa, chiquito, acá empezó todo.

Y te miran todos. Uno que tiene espalda de militar se acerca y te das cuenta uy, se puso en guardia pero no te quedás a ver para qué se puso en guardia porque ya te bajás. Y te bajás y pensás en llamar a alguien, a tu amigo, a tu mujer, pero te ponés el teléfono en el cachete, te raspa y decidís mejor no, mejor no llamo nada no sea cosa que me tomen por loco por contar esta boludez.