No rindo, parte I

Mezcla de sueño y pereza

Llevo seis semanas con un promedio de cuatro horas y media de descanso por día. Ya no hablo de horas nocturnas de sueño, y además ya tengo en cuenta las intermitentes cabezaditas en el autobús. Sé que tal falta de horas de cama no está ahí por voluntad, aunque siendo sincero, no me he partido los cuernos aún para evitarlo. Y luego lloro a Dios por mi estupidez cuando lo único que me viene a la cabeza durante las clases es una modorra olímpica. De hecho, es la una y vente de la noche de un sábado y podría estar durmiendo en vez de haciendo ésto.

Dejé de comer bien desde hace más tiempo aún. El hecho de vivir ajeno al mundo, junto con el caos de horarios de clases que tengo, me parte al medio el compás de las comidas que debería estar siguiendo. Almorzar a las cuatro y cuarto de la tarde por una parte provoca que durante las tres horas anteriores me pese lo suficiente el hambre como para que coma algo antes de subir al autobús, lo que hace a su vez que haya perdido por completo el apetito al llegar a casa. Y generalmente, lo que compro con prisas y por matar el gusanillo, suele ser basura.

Hago bastante poco deporte: lo único, nadar cerca de dos horas semanales y conformarme con ello por no haber movido un dedo en todo el año anterior. Igual que a todo el mundo en alguna ocasión, se me ha pasado por la cabeza marcarme un “run plan” con tal de echarle como mínimo una hora diaria, aunque todos sabemos cómo ha acabado el invento.

Y es que, además, soy un vago del copón. Y me ha encantado siempre pintarlo siempre de rosa diciendo que soy “algo procrastinador”, cuando en los últimos tres años he estado tragándome artículos eternos e interminables charlas de algún que otro menda con la idea del siglo en alguna de sus nuevas variantes del GTD, y no me han servido de nada.


Tengo que hacer algo y tengo que hacerlo ya. Poco a poco encontraré a distintas personas de cada ámbito en los que necesite ayuda que puedan echarme un cable en estructurar mi día a día, y a medida que la base de un cambio radical rutinario empieze a tomar forma, iré documentando el proceso por aquí. Así que antes de consultar con mi almohada cómo planteármelo, dejo lo dicho por escrito, que soy capaz de negármelo a mí mismo.