
Ya no estamos en la época de caballos y espadas, hoy nuestra arma es otra y nuestra guerra es diferente. Hoy, además de reprimir físicamente, los enemigos, sean quienes sean, tienen un arma mucho más fuerte que alcanza a millones: las redes sociales. Pero, en este caso, podemos usarla inteligentemente contra ellos.
En cuestión de horas, se comparten imágenes y videos a través de Whatsapp, Twitter y Facebook que, sin siquiera saber si eran ciertas o no, llegaron a miles de personas generando pánico y confusión. Alrededor de las 16:00 había tres muertos según lo que informaban en las redes, pero ¿a alguien le importaba quién lo hacía? A unos cuantos, que aunque se tuvieron que amarrar las manos, no enviaron la información porque no estaban seguros de ella. Resulta que para las 19:00 de la noche había una sola persona con muerte cerebral y más de 50 heridos, pero ni un solo fallecido. La persona con muerte cerebral, lamentablemente, falleció horas después.
Hoy la desinformación tuvo la capacidad de quitar vidas porque la dejamos, la dejamos engañarnos. Nosotros tenemos la absoluta capacidad de detener esto, pero tenemos que ser conscientes. Antes de compartir algo debemos preguntarnos ¿Quién me mandó esto? ¿Conozco a esta persona? ¿Será que hay más información que puedo buscar sobre el tema?
Fuimos engañados de muchas maneras, ya no lo permitamos más. La lucha es en las calles, pero también en las redes sociales y ya no podemos permitirlo. La desinformación es prima hermana del autoritarismo y enemiga de la democracia, nos toca luchar contra ella también.