Más Estados Unidos que nunca

Felicidad absoluta durante la Copa del Mundo de 2014. Estados Unidos no viajará a Rusia 2018.

Pasaron ya más de diez días de la fatídica derrota frente a Trinidad y Tobago que selló la ausencia en el mundial de la selección norteamericana. Desde entonces, se han echado todo tipo de culpas: al entrenador y sus decisiones, a la pasividad de algunos jugadores, al presidente de la Federación y a cómo el dinero hace estragos -e impide- el desarrollo y la formación de un fútbol competitivo.

Pese a que dichos tópicos han jugado un protagonismo absoluto en la eliminación de Estados Unidos, tampoco es conveniente esconder una realidad que (a pesar de los “contratiempos” extra deportivos) mostró un bajísimo nivel futbolístico, pura y exclusivamente, a causa de la elección de determinados jugadores -y la exclusión de otros-.

No cabe ninguna duda que la dirigencia de la USSF deberá trabajar mucho para establecer un sistema que dé a luz nuevos talentos y, sobre todo, que establezca que la competencia que haga progresar a su fútbol sea deportiva y no económica; sin embargo, últimamente se tomaron muchas decisiones meramente ligadas a la “convocatoria” y la “alineación” que son inaceptables.

Si se hace un breve repaso, se verá que el conjunto norteamericano tiene las individualidades necesarias para conformar la columna vertebral de un equipo que aspire a batallar con las potencias. Sin embargo, deberán ser los jóvenes talentos y los que juegan en las ligas competitivas quienes sean considerados por sobre aquellos ya pasados de edad o bien, que juegan en un fútbol de poca categoría.

Es imperioso construir una base de trabajo y, a partir de ello, agregar las pequeñas “tuercas” que conformen la gran maquinaria. Jugadores como Guzan, Bradley, Johnson, Chandler y Cameron tendrán que decir “presente” y aportar su experiencia; luego, seguirán otros como Brooks, Pulisic y Wood que den su cuota de juventud y talento. Finalmente, ya con los cimientos sólidos, se buscará qué piezas terminen de completar homogéneamente el rompecabezas.

Quien sea el próximo director técnico a cargo, deberá establecer rápidamente cuáles serán los objetivos a perseguir. A priori, se vislumbra la Copa América de Brasil en 2019, en la cual participarán 16 equipos y parece casi un hecho la presencia de la selección de las Barras y las Estrellas. Inmediatamente, estarán las (hoy) “malditas” eliminatorias de CONCACAF, conferencia donde Estados Unidos había logrado asentarse como protagonista pero donde, la próxima vez, deberá luchar por un boleto para Qatar 2022.