energía nuclear: final de temporada



hoy, martes 14 de julio, por fin se logró un acuerdo en torno a la política nuclear iraní. en las cualidades de la negociación estará fundada su calidad — y hoy dichas cualidades fueron diplomáticas, verbales, y no bélicas. (no en territorio persa, por lo menos).

saben ustedes que tengo un afecto muy particular por la gente del irán, después de bañarme en su casi infinita gentileza y entusiasmo durante mi breve paso por allá. voy a generalizar e idealizar: son personas melancólicas, en general libres de cinismo sedicioso, amantes de los jardines y de la poesía; vanidosos, platicones, magníficos cocineros. también, claro: machos, desordenados, consumistas, racistas. ustedes perdonarán.

no quiero regodearme en la cursilería, pero estoy emocionado casi hasta las lágrimas por lo que hoy se ha alcanzado. no es un triunfo total, y no imposiblemente saldrá con el tiempo el olor a caca que emanan los gobiernos –corruptos por definición– y las leyes del mercado.

digámoslo claro: todo mal es posible cuando se tienen armas y corrupción. ¿o no, méxico?

pero esta narrativa me gusta más: la de un par de diplomáticos –zarif y kerry– que se sentaron durante dos años, una vez al mes, hasta alcanzar un pacto. la he seguido desde hace algunos meses como a veces se sigue una teleserie. claro: es aburridísima, no hay cabezas decapitadas montadas en tortugas. tampoco ha habido sexo, y para ser francos sabíamos el final desde hace algunas semanas. pero es una historia astuta y tantitito más limpia. “just now, iran and the international atomic energy agency agree to accelerate cooperation with aim to fully resolve all prior issues”, tuiteó el presidente rouhani –“el sheikh de la diplomacia”, como lo llaman los alebrestados– hace un rato. si fuera más ingenuo diría que esta línea le da un final transparente a la temporada más reciente de mi serie favorita. me gusta.

los respectivos discursos de obama y rouhani estuvieron tuvieron menos destellos que cautela. del primero destaco estas palabras severas, pero tangibles: “es un acuerdo fundado, no en la confianza, sino en la verificación”. el segundo, que comenzó con un alegato contra la iranofobia –realidad estadounidense, europea y árabe–, cerró diciendo: “una nueva atmósfera se respira en la región”.

puedo comprender la importancia de estas palabras para alguien que votó por rouhani, “el sheikh de la diplomacia”: las cuatro metas de los diálogos –conservar el proyecto nuclear, detener las sanciones, revocar las ilegalidades de la resolución del consejo de seguridad de las naciones unidas y modificar su capítulo vii– fueron satisfechas. habérselas exprimido a los lobos que dominan este mundo: en eso radica la emoción de esta historia.

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en fechas recientes una pregunta gravita en mi frente: ¿qué es un hogar? a veces la duda es ominosa, y a veces la tomo con ligereza. en el punto intermedio, cuando –sin angustia ni trampas para escapar– trato de resolverla, me decido por la gente. si mis amigos de irán –con quienes chismeo sobre este tema casi todos los días– están contentos, yo también lo estoy. he ahí un hogar: la dicha de mis amigos y de los que serán mis amigos!

esta mañana uno de ellos citó al poeta hafiz: “tras cuarenta años de agonía y dolor / sanamos con dos años de vino”. cómo no voy querer a una nación que piensa primero en versos?

y ya. es hora de volver al pesimismo del intelecto y al optimismo de la voluntad. pero antes:

viva el sabor de las cerezas!
viva el violento caspio!
viva el helado con azafrán!