Los descubridodes: el libro que hace perrear a los científicos.

Hay noticias que se sienten en las uñas, en los dientes y el pelo: morder, morder y jalar. Y ni siquiera son noticias, es más bien información que cae como brisa sobre un cerebro sin cráneo. El frío de la ansiedad se escurre desde la superficie gris hasta las neuronas más distraídas y baja sin nada que la detenga hasta los dedos (los veinte) forzándote a que te pongas de pie y camines dentro de la habitación trazando patrones aleatorios en el suelo.

La información que estuvo regando el jardín de mi ansiedad fue un libro: Los descubridores, descúbreme esta, ya sé, yo no le puse el título, aunque es muy acertado. Uno ya da todo por hecho: las horas, los mapas, la bomba atómica, la penicilina, los antidepresivos, saturno, los ninjas y todo lo demás. Nos parece natural tenerlo todo a nuestra disposición. Pero hace poco tiempo no era así. Los humanos veíamos pasar las nubes, el sol, las estrellas, la sangre, el fuego, el dolor, el placer, los sueños, la muerte y no entendíamos nada. Es decir: vivíamos en el principio y en el principio reinaba el caos. Los descubridores narra cómo algunos seres humanos fueron encontrando patrones en la realidad y poniéndole orden.

Del principio más primitivo no se sabe nada, nunca podemos hablar de ello sin abusar de la especulación. Me encabrona porque el que inventó la rueda es más importante que Mark Zuckerberg y nadie se acuerda de él. La próxima vez que me emborrache voy a brindar por esos héroes anónimos. Por todos, incluyendo al primero que se puso a ver las estrellas ¿cómo habrá sido? ¿lo derribaron y quedó viendo para arriba? ¿fue una morrita a la que se coshaban de misionero? ¿eso es machista? ¿fue un macho alfa o un macho olvidado por la manada y deprimido? Lo más probable es que haya sido un agricultor, ya sé. A partir de un curioso que veía cómo daban vuelta lentamente las estrellas se descubrió el año. Cada civilización tenía su propio año, y después lo meses, y las semanas. Para inventar cada cosa pasaban miles o cientos de años, hasta llegar a los milisegundos de los cronometros. Conforme avanza la historia hay héroes que no son tan anónimos, poco a poco comienzan a tener nombre. Por ejemplo se sabe que los primeros relojes mecánicos fueron obra de monjes encerrados que tenían que saber a qué hora rezar, con mucha precisión. Pero no solo el tiempo. El espacio era inmenso. Nadie sabía dónde estaba, había cerros y ríos por todos lados, y después nadie sabía qué seguía. Creían que habían monstruos o héroes legendarios. Los europeos viajaban a Asía y tardaban quince años en regresar, si es que regresaban. Las emoción por las noticias que traían es inimaginable para nosotros. Es como si tu primo regresara de saturno con una nueva pizza deliciosa que no puedes ni imaginar. Eso lo digo porque traían pimienta. Pero luego se iba tu primo y tardabas quince años en que te trajera pizza de nuevo. ¡Y el descubrimiento de América! Eso sería como si el Chapo Guzmán quisiera hacer un tunel hasta Europa para traficar coca y los mineros vieran la luz y creyeran que llegaron a Europa, pero en realidad hubieran llegado a otra dimensión que también pertenece a la tierra pero en otro plano astral. Y ahí todos fueran buena onda y les regalaran Iphone gratis a cambio de platos de unicél.

Cristóbal Colón era la mera pistola. Marco Polo también. Y los que descubrieron el espacio: Copérnico y Galileo. La invención del telescopio fue una locura. Es como si ahora inventáramos, no, la verdad no se me ocurre nada similar.

Cada rama de la ciencia tuvo sus héroes, personas llenas de energía y ambición que revolucionaron el espíritu de su época. Todos ellos fueron genios insaciables. Ya ni me acuerdo de tantos que son. Uno pensaría que eran como veinte, pero son como mil. Enlistaré algunos al azar y sin orden, tratando de recordar qué hicieron.

Lineo: clasificó las plantas y mandaba misioneros catalogadores a todos los rincones del mundo, algo así como los primeros millenials de la historia.

Buffon: Un magnate que era empresario por la tarde y botánico por la mañana.

Darwin: Perdón Adán y Eva, ya no los necesitamos.

Faraday: Inventó el motor, beibe.

Galeno: Escribió como mil libros de medicina y estaban tan cabrón que los doctores le hicieron caso a todo por un milenio o algo así.

Paracelso: Mandó a la chingada a Galeno y curaba más chingón que todos los doctores de su época. Después de él todo mundo empezó a cuestionar a Galeno. Creo que también era medio místico.

Bartolomé de las Casas: Protegía a la diosa Atena, obvio no. Después de 40 años de ser esclavista leyó una escritura en la que decía que no puedes darle ofrenda a dios si te ganaste el dinero haciendo cosas malas, como ser un culero esclavista. Se arrepintió y salvó a nuestros ancestros de ser tratados como puercos. Escribió un tratado como de mil páginas para convencer al rey de España de que sí eramos humanos. Gracias, Bartólome, te debemos tanto aunque no sepamos quién eres ❤.

Freud: Todos los milenial le debemos a él la oportunidad de llorar y no hacer nada argumentando que estamos deprimidos. La verdad ya no me acuerdo que dice de Freud.

Marx: Se encerró como veinte años en la biblioteca de Londres para demostrar que había una clase oprimida que se la estaba pelando bien feo y explicó por qué eramos así y cómo íbamos a dejar de ser así. Sin él no existirían The Americans, ni el seguro social. Gracias Marx.

Keynes: Pinche morro cultísimo superpoderoso y genial. Salvó como millones de vidas humanas por sus teorías económicas que resolvieron la recesión de los 30’s.

Adam Smith: Hizo un bestseller de economía que mucha gente catalogó como el más brillante libro de todos los tiempos. Y puso las bases para las políticas económicas de casi todos los países por mucho tiempo.

Y uno aquí, haciendo memes de Maluma.

Ah sí, el autor del libro es Daniel J. Boorstin.