No sé qué me dan los perros — Día 9

Mi mamá es un genio de ponerle el primer nombre que se le ocurra a las perras. Siempre hemos tenido perras y no perros. La primera se la encontró mi hermano en el campo de futbol donde entrenaba. Nos dijo que habían varios perritos, pero que le ganaron el más bonito. Se quedó con una perrita negra. En ese tiempo mi familia y yo vivíamos en una casa bien chica. Por eso mi papá no quería la perrita. Yo tenía como veinte años y mis hermanos, dieciocho, dieciséis y nueve. Siempre habíamos querido tener perro, pero por el tamaño de la casa no nos dejaban. A un cachorro nadie, ni Tom Hardy en Revenant, se le resiste. Mi papá menos. Recuerdo que parecía mensita, se estampaba con la pared y se iba de lado, cabía en nuestras manos y tenía los ojos como grises, nublados. Yo pensaba que estaba cieguita además de mensita. Pero no, sólo lo hacía para dar ternura y que la quisiéramos más. Tenía la nariz medio aplastada y mi mamá no supo que era porque era cachorra y decidió que la perra estaba chata. Mientras nosotros debatíamos nombres épicos o cagados para ponerle, mi mamá se desesperó y le empezó a decir chata. Cuando quisimos decirle Morrigan, Carlota de Bélgica, Lara Croft y no recuerdo qué tonterías creativas más, la perrita ya obedecía con el que sigue siendo su nombre: Chata.

Nos cambiamos de casa muy pronto, a una muy grande, donde sobraba el espacio. Un par de años después mi mamá se encontró una perrita con sarna que nunca supinos cuántos años tenía y la curó. Era blanca de raza french street poodle. Tengo la teoría de que cuando una raza de perro se pone de moda entre las adolescentes, diez años después habrá un montón de esos perros fresas siendo nacos en la calle. Primero los french poodle, luego los chihuahua y pronto veremos pugs muriéndose de hambre en la calle. Yo no escribí las reglas, sólo las registro para las generaciones futuras. Ando de buenas, déjenme. Y mi madre le puso China. La china era totalmente calle. No la espantaban los cohetes, ni la gente, ni nada. Quién sabe qué tanto habrá vivido antes de que mi mamá la recogiera y sería imposible adivinar cómo fue que adquirió su superpoder de apoyarse en sus dos patitas delanteras, abrir, levantar y enviar hacía delante las traseras y orinar ¡mientras caminaba con las delanteras! Como que no se quería salpicar. Nunca la vacunamos y se murió hace dos años de moquillo, sufrió como tres días, pero fue feliz al menos cinco años.

No sé de dónde salió la perrita nueva, pero está bien loca. En la nueva casa hay jardín grande y esta loca ya tiene marcada su minipista de atletismo de tanto que se pone a correr en círculos. Al principio me caía mal y le decía que no la quería, pero con tono bonito porque dicen que los perros solo entienden el tono. En realidad no la quería, pero sí la respetaba y le daba poquito amor, siempre le he dado más a la Chata. Nunca le pegué ni nada, bueno sí poquito pero sin lastimarla, sólo para que no rompiera ropa y esas cosas normales. Su característica principal es su color de pelo blanco y mi mamá le puso Güera, yo le hubiera puesto Loca, pero yo no mando en los nombres de los perros. Yo sólo mando aquí en mi blog.

Estoy escribiendo de perros porque está tose y tose la Güera. Parte de su locura es atrabancarse (pensé que el editor me iba a poner roja esta palabra) cuando come. Ya nos dijeron que no le diéramos huesos, pero sabemos que los aman y pues hace rato se le atoró un pedazo de hueso en la garganta y anda queriendo sacarlo. Ya la llevamos al veterinario pero ya era tarde y dice que mañana temprano le va a abrir la garganta para sacarle el hueso. No está sangrando ni le está obstruyendo la respiración, pero pobrecita. Va a pasar a una noche fea. Ya fui a otra veterinarias y ya están cerradas. Hace rato le hablé y camina y mueve la cola, estoy seguro que si me pongo a jugar con ella se pondría a correr, porque está bien loca. Pero sí se ve poquito triste. Le agarre la cabeza como se la agarro a mis novias chaparritas y como que le gusta que haga eso ¿qué sentirá?

Hace tres semana me habló mi tía Marisol para decirme que si podía enterrar a Borona en mi huerta. Borona era una perrita negra french street poodle también. Si mi mamá la hubiera bautizado se llamaría Negra. Mi tío Chino (así le dicen, en mi familia materna no batallan mucho con los apodos) recogió a la Borona también con sarna. No me habló él porque no es muy sociable, pero yo le dije a mi tía que sí, que con mucho gusto. Cuando la enterramos mi tío se puso sentimental y dijo que le daban mucha ternura los perros. Mi tío no tiene hijos ni esposa, sólo tiene una barbota y sus perros, su perro, ya sólo le queda El Rufían. Dijo que los ve chiquitos e indefensos y que no sabe qué le da. Es corto de palabras. A mí también quién sabe qué me da ver a la Güerita así. Ahorita que publique esto voy a sobarle la cabeza como a mis novias chaparritas. Creo que la güera tampoco sabe qué le da que le sobre la cabeza.