El mausoleo de los masones.

Anoche tuve de esos sueños con hartos detalles y que me gusta escribirlos para no olvidarlos.

Partía todo conmigo en el agua, asomando la cabeza desde una especie de lago que estaba al costado de una chacra y gente trabajando en ella. Nadaba hasta la orilla y me estaban esperando para hacer un tour por un cementerio rural.

Comenzaba el recorrido y era muy aburrido y triste, porque todas las tumbas eran iguales, solo de tierra y una cruz de palo. Yo iba con un amigo (que no sé quién es. Nunca lo miré, nunca se identificó en el sueño) y mientras caminábamos, me hizo mirar hacia un sector marcado por un camino de álamos. Nos separamos del grupo y me dice “hueón, encontramos el mausoleo de los masones” y sonaba muy emocionado.

No entendía nada, pero seguí caminando. De pronto, ya no íbamos sobre tierra, sino que sobre baldosas de granito. Y llegamos a una especie de casa de muñecas, pero de mármol. Yo la miraba por todas partes y no leía nada, como para identificarla.

En ese entonces ya había cambiado todo el entorno y parecía estar dentro de un banco típico noventero, con paredes y oficinas de granito y vidrio.

El amigo estaba pendiente de los guardias masones, pues no podíamos estar ahí. Yo seguía intruseando y toqué por un costado del mausoleo y se prendió una luz verde y una azul. Y caché que tenía un cajero automático. Y me cagaba de la risa y lo llamaba en voz alta, mientras sacaba un joystick de wiiu para sacar una foto (si, así de ridículo).

Cuando estaba a punto de sacar la foto, él grita “nooo, está prohibido” y saltaron unos guardias que nos tiraban al suelo y nos trataban como el hoyo.

Uno agarró el control de wiiu y me decía “no te vai a ir de acá si no borrai la foto, conchetumare. Dime dónde está, cómo la borro” y yo le decía que no había alcanzado a sacar nada y que revisara todo lo que quisiera.

Eso era mentira: si había sacado la foto, yo sabía que estaba y también sabía que el guardia no iba a poder llegar al menú para borrar fotos. Estaba tranquilo, pero igual con miedo de que si la encontraban, me iban a sacar la chucha por mentiroso.

El guardia revisaba con poca destreza la memoria, se metía en menús y nada. Llamaba a un colega. Me tuvieron mucho rato amarrado a una silla, como al paco en Pulp Fiction y me miraban a cada rato.

Al día siguiente me soltaban, me pasaban el control de la wiiu y yo salía feliz al comprobar que no habían visto la foto y todavía estaba ahí.

Llegaba a un pueblo, les hablaba de la foto, la subía a twitter y no generó ni siquiera un comentario. A nadie le importó.

Y ahí no sé si desperté o simplemente olvidé el resto del sueño. Malo el final.

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