#1 “J”, El amor, y la aceptación.

No siempre me considere una mujer inteligente, guapa, segura de mí misma, no durante la adolescencia, ya que siempre dude acerca de si mi físico o mi persona serían lo suficiente para alguien del sexo opuesto; si, ese fue mi mayor problema desde entonces.

Años después… quizá alrededor de los 15 o 16 años me miraba al espejo y yo misma me mire hermosa, con una sonrisa blanca y casi perfecta, un cuerpo no perfecto pero si atractivo para mí misma, me gustaba yo, me gustaba con todos esos defectos que me habían hecho ver de manera cruel durante mi estancia en la escuela de nivel básico, aprendí a mirarme hermosa, a mirar mi cuerpo como un tesoro, e incluso a amarme con esa “gordura” que todos me hacían ver de manera cruel e hiriente, acepté esa cara marcada por el acné, ese terrible carácter y hasta mis colmillos chuecos y ojos medianamente rasgados.

Aquella aceptación llegaría acompañada de un deseo inaudible de ser amada por alguien que no fuera yo misma, alguien más, algún hombre, no sabía el nombre, pero lo podía ver en mis sueños, era el mejor el mundo, amable, amoroso, con ojos hermosos y una sonrisa enorme, educado y hasta “guapo”. Para mí pésima suerte ese hombre no llegó jamás; para mi pésima suerte conocí a quien, solo nombraré “J”.

J” era rubio, de tez blanca, cabello rizado y ojos verdes, un verde que casi me hacía recordar los ojos de mi abuelo, a quien de hecho, tenía años sin mirar a los ojos, de complexión delgada, estudiante de una prestigiada escuela del estado, sería un ingeniero dentro de unos cuantos años… “J”, de hecho tenía seis años más que yo, creía estar enamorada de él, pues según yo así se sentía el amor, el amor tenía forma de mentiras, de dramas, de un hijo oculto y una esposa joven, guapa, y tan educada, tan delicada.

J” no veía mis defectos, más bien se dedicaba a decirme lo bella que me veía, lo bien que olía, lo interesante que era, quizá confundí los halagos con el amor…

El día que supe que “J” era padre de un bebé de un año y medio llore a solas en el baño de mi casa por diez minutos: “Soy una horrible persona” me repetía continuamente mientras leía las disculpas de “J” en la pantalla del teléfono móvil.

Y me prometí que jamás me volverían a ver la cara de idiota, pues, como bien decía alguna conocida: “yo no soy juguete de ningún cabrón”.

La ex esposa de “J” me platicó acerca de las infidelidades del mismo, me decía lo cobarde que era al intentar golpearla y, aún así tacharla de madre irresponsable y además entrometida.

J” me parecía tan parecido a “Joe” de “Ninfomanía vol 1 y 2 de Lars con trier”; capaz de abandonar su familia por su evidente promiscuidad, porque si, se acostaba con todas las mujeres que se le ponían en el camino… lastima de hombre… y lastima por mi, porque conocí el supuesto amor de la manera equivocada.

Un día de agosto me despedí de él con un “no me vuelvas a buscar”, entendió bien pues, jamás lo he visto, ya son casi 5 años de su ausencia y, hoy por hoy, únicamente deseo que no le hagan lo que un día hizo a su esposa e hijo, así como tampoco deseo que le hagan lo que el me ha hecho a mi.

La herida ya cerró, hoy lo recuerdo con gozo y agradezco a la vida haberlo puesto aquí, para enseñarme qué hay ciertos personajes en la obra de teatro que, por más que intentes jamas lograran llegar al final de esta obra llamada “vida”.

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