¿De qué manera podés hacer tu trabajo más “disfrutable”?

Últimamente estoy trabajando mucho en la creación de un curso online con fecha límite de entrega para el 21 de septiembre — al final lo terminé el 3 de octubre, cuak.

Para terminar todo el programa a tiempo, estoy medio al horno, entonces hay días que trabajo hasta las 9.30 de la noche.

Nadie me obliga a lanzar el curso para esa fecha, pero si no la tuviese definida, no me pondría las pilas como corresponde — soy de las que sólo funcionan bajo presión, una cagada.

No sé si te conté, pero mi pareja también trabaja en internet por su propia cuenta. Como estamos remodelando mi oficinita, no nos queda otra que trabajar los dos en la misma mesa del living, enfrentados.

Para crear una especie de “intimidad” usamos auriculares grandes, tipo vincha, para no perder la concentración, porque generalmente al ver la cabeza del otro asomarse atrás del monitor es normal querer hacer algún tipo de comentario, por más que ambos estén trabajando por separado.

No siempre los tenemos puestos los dos, sino que nos vamos turnando a medida que pasa el día.

¿Qué escuchamos? Mi novio escucha frecuencias binaurales para entrenar su cerebro, y yo escucho música de concentración o a veces nada, o sea, me pongo los auriculares en silencio, porque me distraigo muy fácil.

Resulta que antes de ayer, tipo 8.30 de la noche, veo que mi novio desconecta sus auriculares, busca algo en su pantalla, se levanta y se va.

A los diez segundos vuelve, y así parado, teclea y mira la pantalla como si estuviera buscando algo.

Lo miro y le digo: ¿Qué hacés?!

A lo que me contesta: ¡Pongo música!

Y al instante comienza a sonar Hoobastank (una banda de rock yankie) con el tema The Reason, canción que me encantaba escuchar de adolescente.

Me lo quedo mirando con los ojos grandotes, shockeada. No por la interrupción a mi trabajo, sino porque me vino el recuerdo del amor que yo tenía por la música cuando era más chica.

¿Querés que lo saque? — me pregunta.

¡No!!!! Dejalo!!!!

Al rato se va a hacer sus cosas, y yo me paro a agarrar su compu para poner una lista de reproducción de Incubus, la banda que más me gustaba escuchar.

Subo el volumen, vuelvo a mi computadora y AHHHHHHHH ~~~ ¡Qué lindo! ¡Trabajar con mi música favorita de fondo!

Tantos años trabajando en ambientes en los que no encajaba, o mejor dicho, en los que no podía hacer lo que se me daba la gana, cuando al fin logro trabajar por mi cuenta de forma estable, ¡me olvido de disfrutar de mi libertad!

¡Qué locura! Es como que al emprender y no tener un sueldo asegurado a fin de mes, me exijo tanto que, a veces, hasta me siento esclava mí misma y me quedo sin lugar para disfrutar del camino que elegí.

Si bien elijo mis días y horas de descanso, en los que me desconecto completamente de todo, ¿por qué no, también, hacerme espacio dentro de mis horas de trabajo?

Claro que hay momentos y momentos.

Cuando escribo contenido, no puedo escuchar música porque ahí sí me voy de tema, pero cuando estoy editando imágenes o configurando cosas técnicas, tranquilamente puedo ponerme algo copado para escuchar de fondo.

O si no, volviendo a la tarea de escribir, en vez de ponerme música, me permito tener comida al lado — qué raro, Gaby comiendo.

Ahora por ejemplo, al lado de la compu tengo un sándwich + un té verde. Antes, hasta me servía un vaso de cerveza para tomar mientras generaba ideas, pero ya no lo hago más porque no es muy saludable que digamos…

Siempre hay pequeñas cosas que puedo disfrutar mientras estoy trabajando.

Es más, cuando deje de hacer tanto frío, se me ocurre que podría sacarme una mesita al patio para trabajar al aire libre. Copado, ¿no?

Lo que quiero decirte hoy, amigo, es que seas un buen jefe con vos mismo. Exigite todo lo que necesites, pero permitite disfrutar de lo que hacés diariamente.

En mi caso, me permito una horita de rock al atardecer y algo para picar al alcance de mi mano — demás está decir que si conocés algún snack que sea fácil de hacer, que no engorde y sea saludable, que me la pases por favorrrrrr.

¿Y vos? ¿De qué manera podés hacer tu trabajo más disfrutable? Eso sí, ¡sin perder tus objetivos de vista, eh!

Antes de despedirme, ¿te cuento un secreto? Tenés todo lo necesario para llegar adonde quieras, sólo tenés que descifrar cómo.

Te mando un re abrazo!