“HASTA SANTA NECESITA AYUDA”

Me creía lo suficientemente fuerte para encarar cualquier situación dolorosa. Algunas solo se sentían como un rasguño en el alma, como cualquier golpe que suele doler en el momento y se va sin dejar hematoma. Sin rastros.

Y aunque son la minoría, hay también esos dolores internos y profundos en los que me cuesta trabajo hasta respirar. Los que llegan y se estancan en el pecho por más que el trabajo físico y mental sea arduo para lograr sacarlo. Esos que cuando logran irse dejan cicatrices eternas.

Mi vida es eso. Gracias a Dios es eso. Momentos de dolor (grandes o pequeños) que hacen sentirme viva. Que me provocan gritar para saberme humana. Presente.

Hoy celebro que he salido victoriosa de cada una de esas batallas. Y que ahora soy más fuerte para la que viene.

Porque ahora brillo hasta con el alma rota.