Alabado sea el señor Messi

Pucha, ¿otra vez voy a escribir sobre Messi? Y sí. Es que este pibe nunca para. Ojo, no pude ver el partido de Barcelona ante el Getafe y sólo vi el compacto con los goles. Una delicia. Parecía una competencia de cuál era el más lindo. Hasta el de penal picado fue hermoso. Después hay personajes que dicen que los goles de penal no hay que festejarlos. Macana, si es como el de ayer o el de Zidane en la final del Mundial entre Francia e Italia es una herejía no hacerlo.

Un amigo me decía: al Getafe se los hace, que los haga en la Selección. Otro, que sí lo disfruta, le contesta: se los hace a todos. Y es verdad, Messi es el máximo goleador histórico no solo del Barcelona, sino que también de los clásicos ante el Real Madrid desbancando nada menos que a un tal Di Stéfano. Es el top en la Champions League. Va a ser el summun también de los artilleros de la Selección (el récord de Batistuta seguro va a caer) y Brasil es su víctima preferida. ¿Tantos masoquistas quedan en la Argentina?

Es que Messi encontró en el Barcelona su lugar en el mundo. Su ADN futbolero coincide con el estilo de fútbol que hace bastante tiempo se mama en La Masía. El Barsa es el que mejor juega (y más lindo) desde hace una década. Puede ser campeón o no de todo lo que disputa. Eso para mí pasa a ser anecdótico, ya que me deleita. Ahora, si sólo se imita al campeón, bienvenidos sean los títulos catalanes.

El Barcelona es una cooperativa del fútbol, mientras que el Real Madrid parece una empresa. Todos buscan el bien común de ganar, pero con armas nobles. El toque es religión y parte desde abajo. Hasta Neymar y Suárez (individualistas antes) se asociaron al juego. Ibrahimovic, en su momento no lo entendió, y por eso tuvo que marcharse rápido. Cuando no la tienen a la pelota, todos corren para recuperarla y volver a intentar. Cuando la tienen, todos se desmarcan para recibir y buscar las formas de atacar.

Se le viene un choque duro ante su espejo. El Bayern Munich de Guardiola juega a lo mismo, con el agregado de su potencia aérea. Así lo noqueó de ida y vuelta hace dos temporadas (con Messi lesionado). Los intérpretes son diferentes y el Barcelona es mucho más en desequilibrio individual, justo cuando el Bayern extraña a Robben y a Ribery.

Mas allá de que tiene que haber un ganador, será una fiesta del fútbol. Y Messi, en eso es el rey que no abdica. Si es que existen los dioses de la pelota, acá tenemos a uno. Alabado sea el señor. Ese que hace maravillas con la redonda. El que juega ahora para la eternidad.

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