Barcelona golea hasta en los bares

Como tuve que buscar a mi hija al colegio y llevarla a la psicóloga, al mejor juego para ver en el mundo, Barcelona-Bayern Munich, lo vi de a ratos en los bares. Mientras Zoe merendaba, vimos casi todo el primer tiempo. Después, ya en Avellaneda, cuando la esperaba, alcancé a mirar justo la última media hora.

Como Zoe es fanática de Messi, tiene su carpeta forrada con su imagen y todo, se alegró de compartir un rato el momento. A ella le enseñé que el fútbol es un juego y que hay que disfrutarlo. Que esa pavada de que lo único que sirve es ganar, es un mensaje jodido directamente para la vida. Por suerte, lo entendió y lo aplica en su ambiente.

Y el Barcelona es el que mejor entiende y aplica ese mensaje. Por eso disfruta y hace disfrutar. Estaba de nuevo en el bar cuando llegaron los goles. Y a mi lado, los gritaron con pasión. Claro que fueron los golazos de Messi los que conmovieron a esas personas que quizás eran hinchas de Independiente o de Racing.

Los mozos comentaban las jugadas. Como no tenían cambio, hasta me cobraron menos el cortado. Y pensaba, Messi es capaz de todo. Nos hace felices por un rato a los que disfrutamos del fútbol. Hasta una señora mayor que estaba de espaldas al televisor, se alegraba ante los alaridos de su hijo.

Algo similar ya me había pasado años atrás en una pizzería cuando Barcelona le ganó la final de la Champions League al Manchester United en una lección de juego. Pero como pasaron los mundiales de Sudáfrica y Brasil, sin títulos para Messi, pensé que quizás eso se había enfriado un poco.

Me alegra que Zoe sea contemporánea de Messi, ya que yo también fui feliz de chico con Maradona. Cuando fui a buscarla, le conté: dos golazos de Messi, mi amor. Me preguntó: ¿fueron dos golazos o dos goles nomás? mientras la sonrisa se le dibujaba en la cara. Pucha, lo que se están perdiendo aquellos que aún hoy no pueden disfrutarlo.

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