Barcelona no necesita ningún balotaje
En un fin de semana monotemático dominado por las elecciones en nuestro país, el Barcelona nos recordó en su paseo por el Santiago Bernabeu por qué somos contemporáneos del mejor equipo de la historia en la duración y calidad de su juego y sus títulos.
Desde aquél puntapié con la magia de Ronaldinho en el 2006 y con un Messi con granitos en la cara, que le ganó hace casi una década la final de la Champions League, al mejor Arsenal inglés de Arsene Wenger, hasta hoy, el club catalán nos demuestra todo el tiempo por qué nos enamora el fútbol tan bien jugado.
Es la década ganada de Messi, Iniesta y Xavi. Pero también desfilaron por el equipo culé Henry, Ibrahimovic, Eto’o, Deco, Cesc Fabregas, Pedro, Villa, Alexis Sánchez, Yaya Touré, Bojan, etc. El Barcelona revolucionó desde un estilo de juego, que también adoptó la Selección de España en su ciclo más exitoso. No necesitó inventar nada. Johan Cruyff sentó las bases (que vivió en el Ajax y en la Naranja Mecánica en los setenta) de la idea con su Dream Team en los 90. Pep Guardiola la perfeccionó.
El Barca tuvo otros cracks en su historia como el propio Cruyff, Maradona, Ronaldo, Rivaldo y Romario. Sin embargo, ninguno de ellos fue parte de un estilo que se mama desde La Masía. Sobresalían por su categoría. Ahora es el triunfo de una identidad de juego con el plus de tener a su mejor delantero en Messi -letal en las redes, en su habilidad en velocidad, en sus asistencias y en su magnetismo, combo que provoca temor en los rivales e inspiración a los suyos- y a un enganche con la calidad de Iniesta. Uno ve las jugadas por la televisión y siempre piensa lo que debería hacer el futbolista en ese momento. E Iniesta lo hace! Messi hace muchas veces lo impredecible.
El sábado le pintó la cara a un equipo que tiene a Cristiano Ronaldo, James Rodríguez, Bale, Benzemá, Izco, Modric, Kross, etc, en su propia casa. Los ridiculizó. Los hizo correr y mirar como les manejaba a su antojo la pelota. Y eso que Messi jugó apenas la última media hora. Iniesta tomó la batuta, mientras que Neymar y Luis Suárez lo liquidaron con su momento de gracia que atraviesan hace tiempo.
¿Cuál es el secreto para que el éxito del Barcelona no caduque o no se le vea un techo? Obvio que hay que empezar por los futbolistas, pero a la mayoría los formó en sus inferiores alrededor de una idea superadora a las individualidades. Messi rompe muchas veces ese molde porque es un genio y resulta inevitable. Pero el resto se encolumna siempre en la religión del toque y las sociedades en cada sector del campo. El achique de sus defensores (juegan mucho cerca de la línea del medio) para recuperar la pelota y hacerla uso a su placer.
Cuando a un gran jugador, que viene de afuera, le cuesta adaptarse a esa idea que debe estar por encima del ego y la individualidad, no dura mucho en el club. Eso le pasó al sueco Zlatan Ibrahimovic. Por eso, no imagino a un Cristiano Ronaldo adaptándose al Barca. Neymar y Suárez son las estrellas de Brasil y Uruguay, pero en suelo catalán aceptan sin que se les caigan los añillos estar a la sombra de Messi, la máxima creación de La Masía. Y ya parecen amigos y socios, tanto adentro como afuera de las canchas.
Mientras esperaba el primer Balotaje en la Argentina, el Barcelona me recordó por qué habitualmente no necesita de segundas vueltas. A veces dejó, en esta década, que otros se lleven algunas Champions o hasta unas ligas. Sin embargo, nunca deja de demostrar que en juego no hay con qué darle. Y la envidia sana de no ser un hincha culé para poder ir cada fin de semana a ver al fútbol en su máxima expresión de espectáculo. El Camp Nou resultó ser el teatro al que nos enviaban los resultadistas que ningunean la belleza en este deporte.