Boca gana en el ajedrez

Cuando los jugadores se someten en la obediencia debida a los entrenadores suelen salir bodrios como el superclásico de ayer, una partida más de ajedrez que de fútbol. Al menos, Boca que jugaba con las blancas, se despabiló a tiempo cuando ya se iba el reloj que decretaba las tablas.

Kasparov, perdón, Arruabarrena armó un equipo de lucha para ir al frente en la batalla. Karpov, Gallardo, también de lucha, pero que se enamora del contragolpe. Entonces, resultó obvio que se luchó más de lo que jugó. El Vasco le exige a Carrizo que juegue por derecha, donde se siente incómodo. El Muñeco pone de lateral a Mammana, un central. Lodeiro corrió más de lo que pensó y Driussi pensó poco.

Así se intentaron lastimar sin suerte. Osvaldo en el palo, Chávez afuera, Sánchez en el travesaño. Y empezaron a surgir inevitablamente las tablas. Parecía que se iban a dar las manos y a pensar en el próximo cruce por la Copa Libertadores. Por suerte, Arruabarrena pateó el tablero e incluyó a Gago y a Pablo Pérez. Mientras, Gallardo cambió peón por peón. Y obvio, con más juego, ganó Boca por jaque mate.

No anduvieron los alfiles, las torres y los caballos. Mandaron los sacrificados peones como Cubas y Kranevitter. En River, Mora y Teo no supieron atacar y el entorno no los ayudó. En Boca, era todo al ritmo del correcaminos Meli. Sin pausa.

Ahora, Karpov y Kasparov ya estarán craneando la próxima partida. River tendrá a las blancas. ¿Se animarán a cambiar ataque por ataque? Los futbolistas, los que deberían decidir, ¿serán desobedientes? De eso depende que no salga otro encuentro de ajedrez y se parezca más a uno de buen fútbol.

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