¿Dónde estás River que no te puedo encontrar?


Esa es la pregunta que se debería estar haciendo el Muñeco Gallardo. Es que su River, que hubo un tiempito que jugó bien, ahora juega decididamente mal. Y esto va más allá de los resultados, como el de anoche ante Cruzeiro, porque tampoco apareció algo de belleza en el triunfo ante Boca en el Monumental.

Hace tiempo atrás, los hinchas de River eran los famosos del paladar negro -junto a los de Independiente-. Aquellos que eran capaces de silbar a su equipo si no jugaba lindo por más que ganara. Que disfrutaban con el talento de Alonso, Francescoli, Morresi, Ortega, el propio Gallardo, Aimar, D’Alessandro, entre otros.

Si ahora los que se llevan las ovaciones son Ponzio y Kranevitter, dos esforzados luchadores, estamos en el horno. Si el Pity Martínez, el indicado por condiciones técnicas, levanta quejas cada vez que tiene el balón es otro mensaje hacia el mismo destino. Pareciera, bajo ese clima, que a algunos les quema la pelota en los pies cuando se trata de generar juego.

Gallardo tiene un discurso muy lindo de cómo se debe jugar en River. El problema es que ahora no lo acompaña con sus actos. Incluir un doble cinco de marca, mancha su propia diatriba. Poner a Mammana, un central, de lateral es otro. Ahora que la ruta pinta torcida, sus volantazos lo hacen chocar con la realidad.

Y eso que los hinchas de River se olvidaron del paladar negro y lo único que festejan es ganar. Ya lo hicieron en la anterior Copa Sudamericana dónde el equipo apenas se destacó por una cuestión de actitud y solidez. Pareciera que el combustible con el que lo había cargado Gallardo en el inicio de su gestión, se agotó rápido.