Pibes, a divertirse, a jugar
Partamos de la base de que Humbertito Grondona sea el técnico del seleccionado sub 20 es solamente por una de las tantas imposiciones que su difunto viejo dejó tras atornillarse durante décadas en el sillón de la AFA. De méritos deportivos, mejor ni hablemos. O sí, al contrario, la última imagen a su cargo de un sub 17 es vergonzante. Claro, al hijo pródigo no iban a despedirlo como hicieron con Trobbiani, su antecesor.
Sin embargo, como en nuestro país futbolero todo es posible, Humberto está al frente de un equipo que tiene la chance de recuperar esas ganas de ver a los juveniles que se perdieron después del paso de Pekerman y Tocalli por la categoría. Material siempre hay, aunque no haya ningún proyecto de crack o nombre resonante como los de otrora. Juntar a Angelito Correa con Tomás Martínez y Gio Simeone sería un aliciente de ver un buen juego.
El problema es que otro supuesto fracaso debe rondar por la cabeza de Humberto ahora que no existe más el paraguas protector de su padre y entonces será difícil que les pida a sus chicos lo que debería. Que jueguen y se diviertan. Que se asocien en la elaboración y busquen el ataque. Que no se preocupen tanto por los rivales, ya que debería ser al revés.
Por esta categoría pasaron y brillaron jugadores como Messi, Aimar, Riquelme, Aguero, Ibagaza, Gago, Cambiasso, Sorín, etc. Lo fundamental, más allá de los títulos, es que respetaron la historia y jugaron al fútbol que nos complace a la mayoría de los argentinos. Por eso fueron tan reconocidos. La tarea sería recuperar esa mística. Ser campeones de un sudamericano o un mundial de la categoría, si bien sumaría más gloria, no serviría de mucho si no se logra afianzar una idea de juego.
Hace mucho tiempo que Argentina está en una duda existencial respecto a qué y cómo se desea jugar. Por eso se pasa en mayores, sin escalas, por Menotti, Bilardo, Basile, Passarella, Bielsa, Pekerman, otra vez Basile, Maradona, Batista, Sabella y Martino. Todos estilos e ideas de juego diferentes en la sucesión de uno a otro. En juveniles sucede lo mismo en menor escala. Ahí está la madre del borrego.
Debería haber una idea madre de juego superior a los nombres y después designar a los entrenadores que se adaptan a ella. Como lo hizo España hace un tiempo y Alemania recientemente. No como la perdió Brasil. Hasta que Argentina no lo refresque (tras las experiencias de Menotti, Basile y en menor medida Pekerman en los grandes), quedaremos envueltos en el mismo dilema.
La búsqueda del resultadismo al extremo, el pragmatismo, es lo que influye negativamente en los pibes que después serán grandes. Y así, la batalla está perdida antes de comenzarla. Por eso, los juveniles deberían intentar divertirse adentro de una cancha, sin priorizar las obligaciones que les quitan la frescura. Obligarse a jugar lindo. Que de eso se trata el fútbol bien entendido.