River tampoco rompe el molde

Quizás sea exigente o es que otros se conforman con mucho menos, pero este River de Gallardo no logra endulzarme el paladar futbolero, más allá de que haya llegado con justicia a la final de la Copa Libertadores. Lo veo bastante lejos del nivel de equipos de la banda roja de otrora.

Y sí, en este River se nota demasiado que no hay un Alonso, un Francescoli, un Ortega, un muñeco Gallardo jugador, un D’Alessandro o un Aimar por su regreso frustrado. No aparece el distinto. Ese que da placer verlo jugar cualquiera sea la camiseta que porte.

Acá mandan los esforzados con Maidana, Kranevitter y Ponzio a la cabeza. O los correcaminos como el uruguayo Sánchez o el Pity Martínez, que se olvidó de lo que mostraba en Huracán. Apenas Mora y sus chispazos. Entonces, es obvio que Gallardo destaque la solidez de su equipo, la personalidad y se quede con las ganas cuando tenga que hablar de buen fútbol.

Recordemos que River pasó sufriendo, gracias a Tigres, en un grupo muy accesible. Contra Boca se impuso apenas con garra en un partido y medio de ajedrez. Y recién en la revancha ante Cruzeiro jugó bien con la categoría de Teo Guttiérrez. Ante Guaraní sólo se destacó el golazo de Mora y los 15 minutos prometedores de buenas asistencias de Tabaré Viudez.

Claro que este River puede ganar la Copa y quedar en la historia. Algo muy parecido a lo de San Lorenzo el año pasado. Aunque cuando pase el tiempo, se lo recordará por la conquista en sí y no por el juego desplegado. Quizás tengamos que acostumbrarnos, o resignarnos, a esta era de campeones que no rompen el molde de este lado del mapa.

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