DIGNO O NADA

Dos caminos.

Hay un instante, en la vida de todos, en que aprendes a ser buena persona. No es un momento, es un instante.

Quiénes ya pasamos por ahí podemos identificarlo porque desde ese momento ya no eres el mismo.

De pronto estás parado allí en donde tu camino se divide en dos. No hay más opciones. Tienes que optar. Tienes que hacer tu elección. Porque eres libre.

Quizás busques alguna excusa para evitar elegir, pero entonces no avanzarás. Seguirás ahí parado hasta que comprendas y te hagas cargo de tu libertad.

Ejercer la libertad es un acto de madurez y aunque a veces optemos por capricho y gritemos a los cuatro vientos: Soy libre! Libertad o nada! Cuando el capricho desaparezca o se desvanezca estaremos ahí parados en el mismo lugar.

Y entonces tienes que elegir, porque libre ya eres. Uno de los caminos se presentará más atractivo, más corto, más divertido, menos complejo, o más llano que el otro.

Cómo saber cuál elegir.

Uno te hará ser más de lo que sos, o incluso peor. Ese será el que hará de ti una definición de mala persona. Ese es el camino de la mediocridad.

El otro te hará ser más de lo que sos, o incluso mucho mejor. Ese será el que hará de ti una definición de buena persona. Ese es el camino de la dignidad.

Somos libres hasta ese instante en el que debes elegir entre la mediocridad o la dignidad. Es tu elección y de nadie más. Y debes saber que perderás parte de tu libertad.

Ese instante en el que darás el primer paso en una u otra dirección no lo olvidarás jamás. Y cada vez que algo te mueva el piso, ese instante volverá para recordarte quién eres y en qué camino estás.

Recuerdo ese instante todos los años, porque me sucedió hace ya varios, un día como hoy, en el que cumplo años.