Alter Ego: Roberto

Cada mañana Roberto despertaba viendo ese gris distintivo de una mañana limeña, sintiendo la humedad en su nariz. Se levanta de la cama, se acerca al baño y mira al espejo, como cualquier otro día. Prende la radio, se escucha Willie Colón, “Espero que este sea un día distinto” piensa mientras toma una ducha. Al alistarse, en su mente planea de qué manera u otra logrará salir adelante con su orquesta. Abre la refrigeradora, no hay nada más que un par de cervezas y una jamonada verdosa, cierra la puerta y sale de su casa. Saluda a la señora Pilar, amiga de su fallecida madre, era otro día más. Prende un cigarro, saluda a los hijos de los vecinos de su quinta. Todos lo conocen y saludan, es conocido en su barrio.

Se dirige a la casa de su amigo Héctor, que trabaja a medio tiempo de albañil, pero su verdadera pasión es tocar la trompeta, especialmente las salsas del grande: Frankie Ruiz. Héctor lo saluda y, como todos los días, se queja sobre la falta de dinero, sonríe y le dice: “Compare, hoy yo no pongo las chelas.”, Roberto sonríe y le responde: “Hoy se chambea chino”. Héctor había olvidado que este fin de semana había que trabajar, pero estaba totalmente dispuesto a hacerlo. Suben al carro del trompetista, y salen a recoger a los hermanos Sánchez, el tecladista y el percusionista. En el camino Héctor le ofrece un pan con pollo que tenía guardado en algún lado de su auto, Roberto lo tira y prende otro cigarro. Al llegar salen los hermanos corriendo gritando: “¡Rápido, rápido!”. Les explican porque salieron apurados, responden:” Mi vieja estaba cruzada, quería que vayamos a buscar chamba, hasta saco la escoba.”, todos ríen y se dirigen a la sala de ensayo. Tocan todas las canciones que sonaran el sábado, el ensayo estuvo perfecto. Roberto práctica sus nuevos pasos de baile. Se sentían preparados. Héctor deja a todos en sus casas, ahora era cuestión de esperar hasta las 11 para enrumbar hasta el bar.

Eran las 10:45, Héctor recoge a todos y van hasta el bar. Cuando llegaron estaba vacío había una pareja tomando un par de cervezas. La orquesta se alista, ordena todos los instrumentos. Empieza a llegar más gente. Empiezan con una salsa tranquila, la gente canta con ellos. Roberto toma una cerveza, al terminar, la gente aplaude, pidiendo otra canción, complacen a su público. Era un mar de aplausos, la gente bailaba y reía, las cervezas corrían. Roberto estaba feliz, bailaba sin parar, pensaba: “Esta es mi vida”. Fue un día igual a los demás.

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