5 cosas que confirmé con la visita del Papa Francisco a México

Del 12 al 17 de febrero el Papa Francisco se encuentra de visita en México, en una pequeña gira que lo lleva por la Ciudad de México, el Estado de México, Chiapas, Michoacán y Chihuahua.

En medio de esta efervescencia he tenido tiempo de hacer varias reflexiones, las cuales resumiré en estos 5 puntos:

  1. Esta de moda ser “Anti Papa”

En estos días he leído en internet y escuchado en la calle un montón de comentarios ridículos sobre la visita del Papa. Qué si se gastó mucho dinero en traerlo a México, qué si solamente viene a idiotizar al pueblo, qué si la religión es el opio de los pueblos, qué si aquellos que se entusiasman con la visita del Papa son unos ignorantes, etc.

Pareciera que si odias al Papa automáticamente eres una persona culta, bien informada, preocupada por tu país e inteligente. Y viceversa…

Según yo, esto de estereotipar es uno de los peores y más añejos errores de la humanidad, pero vayamos por partes. En cuanto al gasto que se ha realizado y por el que todos se rasgan las vestiduras habrá que ser muy claros: Los costos de la visita los absorbe la Iglesia, el Vaticano y el gobierno. También hay patrocinadores que ayudan, como el de Aeroméxico, que es la compañía aérea encargada de trasladar al Papa dentro de territorio nacional.

Si bien son muchos gastos la verdad es que no son tan estratosféricos como se ha querido señalar. Cuando las cifras se elevan cuando los gobiernos de cada estado que visitará Francisco, gastan carretadas de dinero en publicidad y en mejorar las calles y avenidas por donde pasará la comitiva papal. Ojo, esos gastos no los exige ni el Papa ni el Vaticano, sino que son iniciativas locales. Si cada gobernador quiere darle una manita de gato a su entidad para que ésta no se vea tan pinche, es cosa de ellos.

Nunca faltan los chairos

Y bueno, eso de tachar a los seguidores del Papa como ignorantes es un disparate. El ser “absolutistas” es aberrante. Hay católicos muy cultos e inteligentes, quienes además cuestionan las decisiones del gobierno y de la Iglesia. Como vemos, una cosa no está peleada con otra.

También hay otra cantaleta que comienza a resultar fastidiosa y que tiene que ver con calificar de “pederastas” a todos los sacerdotes, padres, obispos y miembros de la Iglesia, y es que si bien es cierto que la cantidad de casos que se han presentado son alarmantes y por supuesto debe exigirse justicia, estamos hablando de una minoría.

Otro chairo

Insisto, descalificar a toda una religión o a sus seguidores por los crímenes de unos cuantos es la base de un tipo de odio que por siglos ha costado millones de vidas.

¿Tan difícil es respetar las creencias de cada persona?

2. Solemos quedarnos con lo mediático

En estos días hemos visto escenas espectaculares de los recorridos que el Papa Francisco ha realizado en las calles de la Ciudad de México y de otros puntos del país (salvo en el Zócalo, donde la mala logística impidió que la gente pudiera acercarse al primer cuadro de la ciudad). Si bien esas multitudes de personas a lo largo de varios kilómetros son una grandiosa demostración de fe, hace que muchos se vayan con la finta de que esta visita papal solamente se trata de mostrar al Papa “como atracción de un desfile alegórico”.

La realidad es muy distinta: En estos días Francisco ha dicho muchas cosas importantes, algunas incluso muy duras, como la tremenda llamada de atención que le hizo a los obispos el pasado sábado 13 de febrero en la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México. El problema es que a la hora de sus discursos, sermones y mensajes, es justo cuando dejamos de escucharlo.

El Papa en Ecatepec

¿Cuántos de quienes han estado supuestamente “al pendiente” de esta visita le han prestado atención los mensajes del Papa? La misma pregunta aplicaría para aquellos que han dicho que Francisco solamente vino a pasearse.

He intentado escuchar atentamente las palabras del Sumo Pontífice y me ha quedado claro que detrás de los desfiles en Papamóvil, del fervor, del despliegue mediático y de lo vistoso de un evento como éste, se encuentra un mensaje a veces esperanzador, a veces enérgico y otras tantas lleno de inteligencia, que vale la pena analizar. La visión de un hombre como Francisco sobre nuestro país y sus distintas problemáticas es algo que no deberíamos echar en saco roto.

Si eres de los que piensan que esta visita sólo es para “distraer a la gente” te invito a que escuches uno de los discursos de Francisco o leas algunos de sus escritos. Verás que es un tipo muy preparado, que tiene ideas revolucionarias no solamente en cuánto al ámbito religioso y que logra hacer reflexiones realmente brillantes en una infinidad de temas. Seas o no católico siempre valdrá la pena acercarse a alguien así.

3. La sensación de ver a un Papa

A pesar de los puntos anteriores, debo decir que ver a un Papa es algo único. El pasado sábado me desperté muy temprano y fui a uno de los puntos por los que pasaría la comitiva papal. Fueron poco más de dos horas las que estuve parado esperando en la orilla de una calle, soportando una temperatura de 4 grados. Y saben, valió la pena.

Aunque sólo vi al Papa unos segundos, la energía y paz que brinda un encuentro así es una experiencia sin igual. Años atrás también tuve la oportunidad de ver a Juan Pablo II y debo decir que nunca he sentido tanta energía como en esas dos ocasiones. No sé si con todos los Papas ocurra lo mismo, pero al menos con Francisco y con Juan Pablo II me invadió una profunda paz y mucho amor. Sería inútil describir esa sacudida emocional con palabras pues es algo que debe vivirse.

Francisco iba sonriendo y contagiando a todos los presentes. Sé que puede sonar exagerado pero supongo que esa emotividad es una prueba de que este mundo tiene un plano espiritual que es inmensamente más rico que el material.

Aquí mi encuentro con Francisco:

4. El carisma de Francisco

Después de Juan Pablo II parecía imposible que llegara otro Papa cuyo carisma se igualara o al menos se le acercara. Para sorpresa de todos, años después llegó Francisco, un pontífice diferente y humilde, pero poseedor de un don para relacionarse y crear empatía.

Supongo que para los expertos en comunicación no verbal debe ser una delicia ver desenvolverse a Francisco. La forma en la que interactúa con quienes se topa, cómo habla con las personas que se dirigen a él y el modo en el que transmite alegría con su sonrisa. Detrás del Papa está la figura de un hombre que se dedica en cuerpo y alma al servicio de los demás y que siempre busca ser cercano y más humano; que lo mismo consuela a niños enfermos o se detiene varios minutos para saludar a unas monjas sin que le preocupe retrasar toda la logística de su visita.

Éste Papa cae bien, en parte porque hace lo que se le pega la gana (o bueno, lo que él considera es lo mejor). No le preocupa quedar bien con nadie sino únicamente cumplir con su deber.

5. México, el país que siempre abraza

En cada una de las visitas de un Papa a México hemos visto manifestaciones realmente conmovedoras. No solamente son los tumultos de personas, los gritos y porras, detrás de esa euforia se esconde la calidez de un país que cuando entrega su corazón lo hace sin límites ni consideraciones.

La esencia del mexicano es así, y ahí radica su misticismo y fuerza. No faltará quien erróneamente diga que estas muestras de empatía están llenas de un fanatismo vacío y sin sentido. Y es que la complejidad e idiosincracia de nuestro pueblo en parte se explica en esa calidez que abraza y que le dice al mundo entero que una de las fortalezas de este país se encuentra en ser hospitalarios y entregar el corazón a manos llenas.

Unidos para celebrar y hacer escándalo, o para ayudarnos en una desgracia. Así somos y no tenemos reparos para gritárselo al mundo y sentirnos orgullosos de ello.

Los extranjeros que han venido a México coinciden que la calidez y el colorido de nuestro país es único. Ojalá y nosotros mismos fuéramos conscientes de ello.

En fin, que el Papa está en México y esa relación siempre le hace bien a ambas partes.