El Grim de Barranca del Muerto, una historia verídica de miedo

Hace unos años, en mi blog narré cuando mi auto fue súbitamente salpicado de una especie de ‘sangre putrefacta’ mientras manejaba en plena madrugada. Ahora, la historia que estoy por contar no me ocurrió a mí pero es real, pues me la contó alguien que jamás me mintió, mi papá. Éste relato es para ti…

1980. Antes de casarse y tener dos hijos (uno de ellos, el autor de este texto), Mario Revelo cubría el horario nocturno de supervisión en las bombas de combustible en la planta de Pemex por el rumbo de Barranca del Muerto, en la Ciudad de México. Por aquella época, esa zona del Distrito Federal estaba desolada y rodeada de zonas frías y boscosas. El trabajo de Mario y su compañero de turno era supervisar que los niveles de presión de aquellas bombas se mantuviera estable. Una de esas noches -helada por cierto- la jornada laboral transcurría sin novedad alguna. Cerca de la 1 de la madrugada ambos hacían la revisión de costumbre. El silencio de aquel lugar solitario de repente se vio roto por el grito perturbador de una mujer. Aquel quejido, casi de dolor, alertó a Mario y a su compañero. Con lámpara en mano decidieron inspeccionar los alrededores. Fuera de un silencio sepulcral, no encontraron nada.

Casi una hora después aquel percance casi quedaba en lo anecdótico, cuando de pronto se escuchó otro grito, igual de acogedor que el primero pero mucho más cerca. Quién quiera que emitiera ese lamento debía estar sufriendo mucho. Mario y su compañero, entre la confusión y la expectativa se quedaron inmóviles dentro de su oficina. Un tercer grito, aun más próximo, los hizo salir del letargo. Aquella mujer podría estar huyendo de alguien, podría estar herida o simplemente pérdida. Ni Mario ni su compañero estaban dispuestos a seguir con la incertidumbre de qué pasaba afuera, por ello, un cuarto grito los hizo salir del cuarto en el que se encontraban; antes, por si acaso, sacaron la pistola con la que el personal contaba para salvaguardar su seguridad.

La noche obscura cubría todo. El frío aumentaba. Con ayuda de linternas comenzaron a iluminar la espesura de los arboles cercanos.

Tensa calma.

Otro grito.

- Corta cartucho. Le ordenó Mario a su compañero. Éste obedeció desenfundando la pistola y preparándola para disparar en caso de ser necesario.

Lo que sigue ocurrió en segundos que parecieron años. De la nada, entre los frondosos y altos arboles emergió una criatura enorme, una especie de perro negro de casi dos metros. Corpulento. Con aspecto diabólico. Sus ojos de un rojo profundo se clavaron en Mario cuando éste lo alumbró con la lámpara. El ser misterioso tenía el hocico lleno de sangre. Sus colmillos enormes lucían amenazadores, había que temer lo peor. Para su suerte aquella presencia giró y se retiró.

De nuevo el silencio. Mario y su compañero, impávidos, se quedaron unos minutos en el lugar. Volvieron a la oficina. Ni aquella noche ni en las venideras se volvieron a escuchar aquellos gritos de mujer. Por más que buscaron no hubo indicios de aquel animal (si es que se le puede considerar como tal). Meses después, Mario fue transferido a otra planta de Pemex y nunca supo que fue lo que vio aquella noche. Lo cierto es que aquellos gritos y la aparición de aquel animal gigantesco de algún modo tenían cierta relación. Escuché esta historia muchas veces, siempre me estremeció. Desde entonces, he escuchado varios relatos, algunos de ellos de conocidos, en donde se habla de estos extraños seres enormes y cubiertos de pelaje negro, que aparecen de la nada en lugares solitarios.

Un Grim, según la tradición de algunos pueblos ingleses, es un espíritu que toma la forma de un gigantesco perro negro. Dicen que sus apariciones presagian la proximidad de la muerte o de alguna tragedia.


Publicado originalmene en gabrielrevelo.blogspot.mx , en noviembre de 2009.

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