Historias mafufas

No les aseguro que lo que están por leer sea cierto, pero me juraron una y otra vez que sí. Quedará en usted, querido lector, emitir un juicio final y darle el calificativo a estas historias de ‘hechos sobrenaturales’ o ‘mafufadas inventadas’. Los tres relatos que citaré me fueron contados hace unos años por unos compañero del trabajo que entonces tenía, en una de esas reuniones de viernes cuyo único objetivo era alcoholizarse. En la última etapa de la reunión, los pocos asistentes que aún estábamos presentes comenzamos a contar cosas de ‘espanto’.

Fuimos recorriendo los temas clásicos: Ovnis, conspiraciones de los gobiernos, profecías de temblores, el origen de los humanos, fantasmas, civilizaciones perdidas, brujería, y un largísimo etcétera que hizo la plática más interesante. Uno a uno fuimos hablando de las cosas raras que nos han pasado, por ejemplo, yo conté la experiencia del fantasma peninsular que robó mi cámara fotográfica en Mérida; mi amigo Ángel confesó que está embrujado y así sucesivamente. Fue en uno de los intervalos de las historias cuando Héctor, chavo dedicado a tatuar gente y con peinado de mohicano, se puso de pie y dijo “pues yo les voy a contar la cosa más extraña que me ha pasado en la vida”, y comenzó…

(Antes de leer su primer historia, es importante aclarar que su timbre de voz es muy similar al de los chavos hippies-chairos-marxistas que abundan en Coyoacán y en los mercados de artesanías. Aclarado esto, continuamos )

Narra él…

Historia 1. Esferas en el cielo

-“La siguiente, es la cosa más extraña que me ha pasado en la vida. Hace como cinco años iba para el trabajo y al pasar por una calle vi que todos volteaban al cielo. ¿Pues qué estaban viendo? Le pregunté a una señora y me dijo ‘esos como globitos que están en el cielo’. Me fijé bien y ahí estaban goooei, unas esferitas plateadas muy pequeñitas que apenas se veían y que se movían bien raro. Pues me puse a verlas un rato. No sé cómo, pero cada vez habían más y más esferitas dando vueltas. Estaba tan impactado que ya ni quise ir a trabajar. Mejor le hablé a mi cuate Carlos y le dije ‘goooooei, estoy teniendo la experiencia de mi vida, ven a verlas’. Y pues que llega y ahí nos quedamos viendo. Al principio eran unas cinco, pero luego eran más, y más, al final eran unas cincuenta o más de esas cosas. Entonces pasó lo más raro goooei. Ahí tienes que al principio el cielo estaba azul-azul, sin una sola nube, bien chingón, pero de pronto las esferas comenzaron a sacar humo mientras daban vueltas. Y no me van a creer: ese humo formaba nubes, y así, en cosa de 10 minutos, todo el cielo se nubló. Osea, ¡esos güeyes hicieron nubes, tantas que dejaron todo nublado! Y ya, todavía me quedé ahí unos minutos para ver qué pedo, pero ya no pasó nada.”

Después de contar esa mafufada se quedó callado. Los demás siguieron contando cosas de espanto hasta que Héctor recordó que tenía otra experiencia que narrar.

Historia 2. Las luciérnagas misteriosas

-“La cosa más extraña que me ha pasado en mi vida, sucedió cuando tenía quince años. Yo era Scout y junto con un compañero tuvimos el reto de trazar una ruta y recorrerla. Decidimos hacerlo a lo largo del estado de Chiapas, y pues la cosa era que precisamente ese año dio inició el conflicto de los Zapatistas y pues estaba peligroso goooooei. Fuimos los dos solos y empezamos a internarnos en la selva. Uno de esos días pasamos por una cueva inmensa, yo quería quedarme a dormir ahí pero mi amigo Carlo, no quiso y me dijo ‘nel weeeey, ni madres, puede ser peligroso’. Total que esa noche dormimos a unos kilómetros de ahí, en una supuesta zona de acampar, pero en la que no había nadie. Nos dividíamos por horas para que mientras uno dormía el otro se quedaba afuera de la casa de campaña vigilando goeeeeei, y pues estaba en mi horario de velar cuando me puse a ver a las luciérnagas. No mames gooooei, bien bonitas. Me entretuve observándolas como una hora. Pero pues la neta no eran luciérnagas porque yo las he visto y sabia que esas lucecitas pequeñas no lo eran y poco a poco se iban haciendo más grandes. Desperté al Carlos diciéndole ‘Carlos, goooooei, ven a ver esto, no mames, está increíble. Las luciérnagas están raras’. Ni me peló el cabrón y las madres esas seguían ahí. De ser pequeñitas iban haciéndose más grandes. Primero eran como del tamaño de un balón, después como de medio metro y luego como de dos metros. ¡Unas madrezotas de dos metros que comenzaron a rodearnos goooooei!, pasaban a lado y se perdían entre los árboles. Y pues que vuelvo a despertar al pinche Carlos y al ver las luces dijo ‘no mames weeeeeey vámonos, nos van a matar. Yo leo revistas de Ovnis y de seguro vienen por nosotros. No mames weeeeeey nos van a llevar en una nave’. Pero pues ni caso le hice, yo estaba maravillado con el espectáculo. Le dije ‘cabrón, disfruta, no mames, es la experiencia de tu vida goooooei’. Carlos sacó su cuchillo por si las dudas y vio su reloj ‘no mames, apenas es media noche goooooei, falta mucho para que amanezca’. Y las luces seguían pasando, de todos los tamaños y colores, algunas volaban rozando la tienda de campaña, otras iban en el cielo. ¡No mamen, qué espectáculo gooooei, ojalá lo hubieran visto! Lo más cabrón era que las luces se dirigían hacia donde estaba la cueva en la que nos íbamos a quedar. Y pues ya, así estuvimos despiertos toda la noche y las luces seguían pasando. Me quedé dormido como a las 5 de la mañana y cuando me desperté las cosas esas ya no estaban goooooei, le dije al Carlos que fuéramos a la cueva a ver que encontrábamos pero no quiso. Pinche puto. Nos fuimos en chinga y creo que fue lo mejor goooooei”

Héctor volvió a quedarse callado unos segundos. Después contó lo siguiente:

Historia 3. El hombre al que le salían luces del pecho

“Pero la vivencia más rara de mi vida goooooei, fue cuando tenía como 13 años y a mi amigo Carlos y a mí nos daba por salirnos en la noche ‘a buscar sombras’. Nos salíamos como a las 2 de la madrugada y según nosotros, con palpar las cosas sabríamos dónde encontrarlas. Nunca veíamos nada pero eso no impedía que cada día nos fuéramos obsesionando más con las dichosas sombras. Así estuvimos unos tres meses hasta que una noche Carlos se desesperó y quiso irse. Yo me quedé un poco más de tiempo; de pronto giré en una calle obscura y vi que detrás de mí había un sujeto de pie. Vestía todo de blanco, tipo hindú, pero no pude verle la cara pues de su pecho salían varías luces que me impedían verle el rostro goooooei. Fueron unos segundos y después desapareció. Fue tan impactante gooooooei que saqué un cigarro y aunque ese raro ser ya no estuviera le dije ‘aquí te ofrendo esto güey, chido por haberte manifestado y sólo quiero pedirte algo, ayúdame a descubrir quién soy’. Le dejé el cigarro y me fui. Al otro día, no mamen goooooei, no pasó nada, pero en la noche tuve un sueño rarísimo: estaba desnudo en una calle y llegaron unos cabrones a persiguiéndome, no sabía por qué pero querían matarme, me perseguían y yo no sabía qué hacer, corría y me seguían.

No mames goooooei, me desperté sudando por la pesadilla. Y en eso veo que dentro de mi cuarto estaban los mismos que querían matarme y dije ‘no mames goooooooei, sigo soñando’ y seguí corriendo. Me aventaban cosas y mientras yo escapaba ellos me seguían persiguiendo. Después desperté y ahí seguían de nuevo, y yo ‘puta madre, pues qué pasa’. Seguí soñando cosas raras hasta que llegó la mañana. Todo el día estuve pensando ‘pues qué hice gooooooei’. La noche siguiente fue lo mismo. De nuevo me perseguían para matarme y otra vez padecí una noche intranquila goooooooei. La tercera noche soñé que estaba dentro de una casa de muros altísimos gooooooei, como las del centro. Entonces descubrí que seguía desnudo pero además ¡tenía alas gooooooei! Caminé y entonces salí hasta un patio. Abrí las alas y me fui volando hacia el cielo azul goooooei. Y ya, desperté y desde ese día no volví a soñar nada parecido. Aun así goooooei, muchas veces siento la presencia del ser que aquella noche me encontré”.

Nomás por cotorrear le pregunté si en aquel momento aquel ser estaba entre nosotros. Respondió que no. Esas fueron las historias mafufas Héctor… ¿alguna de ellas habrá sido cierta cierta?


Publicado originalmente en gabrielrevelo.blogspot.mx en agosto del 2010.

One clap, two clap, three clap, forty?

By clapping more or less, you can signal to us which stories really stand out.