La desaparición de un joven agranda la “grieta” en la sociedad argentina

Lejos de provocar la unión de la sociedad detrás de un mismo reclamo, la desaparición del joven Santiago Maldonado durante el desalojo por la fuerza de una protesta de mapuches volvió a dividir a la sociedad argentina.

El periodista argentino Jorge Lanata consideró años atrás que sus compatriotas están separados por una “grieta”. Lo dijo para situar a quienes se adherían al kirchnerismo, el movimiento político surgido del peronismo que gobernó entre 2003 y 2015, y a sus opositores, la mayoría de ellos seguidores hoy del Gobierno del presidente, Mauricio Macri.

Ni la salida del poder del kirchnerismo ni la llegada del macrismo terminaron con esa división. Por el contrario, la “grieta” parece extenderse y profundizarse.

Santiago Maldonado fue visto por última vez el 1 de agosto en la región cordillerana de la patagónica provincia de Chubut. Allí participó de una protesta de la comunidad mapuche Cushamen, según aseguran su familia y algunos testigos.

Los pobladores originarios habían cortado el tránsito sobre la ruta nacional 40 y agentes la Gendarmería, tras una supuesta orden judicial, desalojaron el reclamo de forma violenta.

Los testigos afirmaron que Maldonado intentó escapar cruzando un río pero, finalmente, no se animó o no pudo. Los gendarmes lo golpearon, detuvieron y subieron a un vehículo militar.

El Gobierno argentino exculpó a la Gendarmería y puso en duda que el joven hubiera estado en la protesta e incluso pidió a Chile que buscara allí a Maldonado. La respuesta ha sido negativa.

La falta de información sobre el paradero del joven y la posible responsabilidad de una fuerza del Estado en el hecho provocaron una ola de reclamos.

En las redes sociales, por ejemplo, el blanco fue la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, a quien los usuarios le enviaron mensajes preguntándole: #DondeEstaSantiagoMaldonado.

En una semana fueron enviados 469.300 tweets desde 100.000 cuentas, con un alcance potencial de 62,9 millones de usuarios, analizó Luciano Galup, de la agencia de comunicación Menta.

Entre tanta repercusión, la Confederación de Trabajadores de la Educación (CTERA), el sindicato docente más importante de Argentina, impulsó una campaña para que los estudiantes de los niveles primario y secundario debatieran el caso Maldonado.

La iniciativa recibió adhesiones y cuestionamientos casi por igual. El planteo “respeta la madurez de los estudiantes”, dijo el ex ministro de Educación kirchnerista Alberto Sileoni. “Me parece muy bajo, doloroso y altamente peligroso”, respondió el secretario de Derechos Humanos argentino, Claudio Avruj.

“No a la politización de Santiago Maldonado en las escuelas!!!!” es una de las iniciativas abiertas por supuestos grupos de padres de alumnos en la plataforma Change.org. Debajo de ese reclamo, puede leerse otro: “Aparición con vida de Santiago Maldonado”. Las adhesiones a unas y otras superan las 20.000.

“¿Por qué la desaparición de Maldonado es motivo de una disputa social? Porque se percibe que puede beneficiar o perjudicar a un gobierno”, dijo a dpa Marcelo Leiras, director del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad argentina de San Andrés.

Algo similar ocurrió -mencionó Leiras- con la muerte del fiscal especial del caso AMIA, Alberto Nisman, ocurrida en 2015 días después de haber presentado una denuncia contra la entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner. El cuerpo del entonces fiscal fue hallado con un disparo en la cabeza en su vivienda de uno de los barrios más exclusivos y vigilados de Buenos Aires.

Aquella muerte de Nisman “se presumía que iba a perjudicar al oficialismo de entonces. Quienes querían defender a Kirchner pensaban que cualquier reconocimiento de la gravedad del caso implicaba dar espacio a los opositores. Efectivamente, la muerte de Nisman funcionó como articulador de la oposición más radical a Kirchner”, a quien algunos sectores políticos llegaron a acusar en aquel momento de haber ordenado la muerte del fiscal, ocurrida en circunstancias que la Justicia todavía no dilucidó.

Leiras, doctor en Ciencia Política por la Universidad de Notre Dame, opinó que en Argentina hay una “hiperpolitización” de casi todos los temas. La discusión, entonces, se divide en dos sin posibilidad de otra posición.

En ese contexto de “grieta”, mencionó Leiras, “lo que parece preocupar primero a la sociedad es, sin embargo, la consecuencia político-partidaria del caso. Es una trampa de la que es muy difícil salir, porque quienes buscan tener una opinión distinta no son escuchados o son acusados de opositores u oficialistas”, afirmó.

“Además, debemos preguntarnos por qué el Estado argentino es tan incompetente para garantizar el orden público y la integridad de las personas. Un grupo pequeño, en este caso integrado por mapuches, le ocupa una ruta en reclamo de un territorio y lo reprime con toda una fuerza de militar. Y la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, procurando ser prudente, brinda respuestas imprudentes, afirmando con cierta certezas que la Gendarmería no participó en el hecho, etc. Se trata de un Estado que no puede determinar cómo ocurrió la muerte de Nisman ni qué pasó para que desaparezca una persona”, sostuvo.

Para Leiras resulta “perturbadora”, entonces, la “combinación de un Estado incompetente y una discusión pública” argentina que se encuentra, dijo, “extraviada”.

“El Estado puede hacer muchas cosas mal. Puede educar mal y hasta brindar una mala atención de salud, pero no puede perder el control del territorio, del orden público y no garantizar la seguridad de las personas. Es el ABC del Estado, su columna vertebral. Esta es una preocupación que va más allá de nuestra filiación partidaria. Es un problema básico para todos”, sostuvo.

La versión original de la nota fue publicada el 1 de septiembre de 2017 en la agencia de noticia dpa.