Las visitas

Gabuleta.
Gabuleta.
Oct 11, 2018 · 7 min read

Odio las visitas y tengo una instalada hace años en mi casa. Nunca se va, le tiro palos, bostezo, le digo que se está haciendo tarde y se va a complicar conseguir taxi, bajo la música como cuando te quieren echar de los boliches, pongo la escoba detrás de la puerta, lavo los platos, le saco el vaso, pero nada funciona y a las tres de la mañana pone los pies sobre la mesa y sugiere ver una película. En realidad está viviendo conmigo y no colabora con plata, a veces hasta me impide trabajar, no ayuda con la limpieza y todas las mañanas me despierta apoyando bien fuerte el pie sobre mi estómago. Es mala, me miente, me dice que no salga a la calle que me voy a descomponer, que si viene el plomero me voy a sentir mal y no lo voy a poder echar, que todo lo que hago es feo, que soy fea, que descuelgue el espejo. Que mientras mi novio se baña se va a patinar y se va a romper la cabeza contra el inodoro, que hay un temblor y el edificio se va a desmoronar, que todo lo que hay en la heladera está vencido, que me estoy quedando pelada. Me hace tener dolor de panza, ganas de vomitar, temblar, despertarme gritando pensando que me asfixio. Es cruel y no se va nunca pero además me persigue a todas partes. Partes que son pocas porque la mayoría de las veces me tironea del brazo y no me deja salir. Me grita, me asusta, me dice que hay alguien bajo la cama, que dejé el gas abierto, que mi gatita se va a morir y que si escribo la palabra morir al lado de su nombre encima va a ser mi culpa. Cuando suena el teléfono me dice que me van a avisar que se murió alguien, me hace sentir culpable todo el tiempo y me agota, me agota al punto que cada tanto me desespero, no puedo más pero no le importa y llama a su amiga para que me visite ella también.
Sus visitas son más cortas, no se instala para siempre, va y viene pero cuando escucho pasos en el pasillo del edificio y me parece que es ella igual me da terror. Cierro la puerta, uso todas mis fuerzas porque todos me dicen que yo tengo que poder, que si realmente no quiero que entre lo puedo lograr, que depende de mí. Pero mientras tanto la visita que está siempre, que ya no puedo llamarla visita, que lo correcto es llamarla mi compañera de vida, me pega patadas en las pantorrillas, me tira el pelo, me mete los dedos en la garganta y me dice cosas feas hasta que me quedo sin fuerzas y la visita nueva pasa. Me culpo por no haber podido frenarla, sé que hice lo que pude pero casi nadie parece entender. Puse tres cerraduras, tres. Empujé, hasta trabé el picaporte con una silla, pero incluso un cerrajero que se especializa en este tipo de puertas me dijo que hay visitas peores que esta. Que hay visitas que te matan. Pero esta visita es horrible, nadie entiende cómo es y yo sé que sí me puede matar. Yo la conozco. Incluso me doy cuenta ahora al verla de cerca que la vi pasar cerca mío algunas veces cuando era mucho más chica. La conocía de vista. Es más tranquila, a veces podés ir a mi casa y ni te das cuenta de que está ahí, porque mientras yo charlo y sonrío ella está atrás tuyo haciendo muecas feas para ponerme mal. Se me acerca y me pregunta cosas horribles al oído sin que vos escuches, me chicanea. ¿Sabías que todas las personas que amás algún dia se van a morir? ¿Sabías que todo el tiempo se está muriendo gente por lo tanto hay personas viviendo perder a alguien que aman absolutamente todo el tiempo? ¿Sabías que mientras vos te quejás de mi visita hay gente que no tiene dónde vivir?
Son ese tipo de personas que cuando están separadas te caen mal pero cuando están juntas encima se potencian. Mientras una me hace repetir cosas que bastaba con hacer una vez, “revisaste 46 veces si cerraste con llave?” la otra me ata a la cama para que no pueda levantarme. Mientras mi compañera de departamento me lee en voz alta una lista de cosas que tengo que hacer, y de las cosas que no hice desde que nací hasta ahora, la visita me dice que mejor no haga nada, que coma mal, que no tome agua, que llore y duerma que no tiene sentido hacer todo eso. “Vivir es literalmente esperar a que te den malas noticias” me dice mientras me mastica chicle en el oído.
Cada tanto tiro un repelente horrible para echarlas y funciona. Me hace un poco mal a mi también pero es peor que ellas se queden así que lo aguanto. La gente me pregunta por qué no lo uso siempre, no tienen idea lo fuerte que es y no entienden que a veces tengo ganas de tener la casa despejada, sin ese olor.
Gritan. Gritan tanto. A veces no puedo escuchar lo que pienso. Corren muebles, ensucian, cantan feo, hacen música con ollas. Son rockeros destruyendo un hotel. Las paredes parecen ser muy gruesas porque nadie más las escucha, sólo ven los rastros de la vida que llevamos en mi cara de cansada. A veces me maquillo para disimular ante quienes me culpan a mi por no tener carácter para echarlas. Alguna gente me dice que exagero, pero otra entiende porque aunque no las conocen tuvieron visitas así o saben de alguien que las tuvo. Mis personas preferidas simplemente me creen.

Odio a la visita pero a veces intento no sufrir tanto su compañía. Sé que por ahí estar con ella me deja pausar un poco y me permito descansar o maratonear una serie mientras mi compañera me dice que no me lo merezco. La aguanto como aguantás un tío pesado en las fiestas. De a poco con ayuda de gente que le saca charla para que me joda menos a mí, que lava los platos así no tengo que hacer todo yo, que me compra comida porque sabe que no tengo fuerzas para salir y del cerrajero que cambia la traba de la puerta por una rara así mi compañera no sabe abrirla para dejarla entrar de nuevo, la visita va entendiendo que ya no da quedarse y se va. También un poco, bastante, la empujo yo. Me duele todo el cuerpo pero lo logro. Nunca sé hasta cuándo se va, siempre que sienta ruidos voy a tener miedo de que sea ella. Mi compañera me dice que si se va de acá se va a ir a otra casa y que va a ser mi culpa. Que si o si alguien la va a tener que recibir, que mejor sea yo. A veces pasa por afuera del edificio, me grita para que me asome y miro un poquito y sigue de largo. Pero por lo menos se va. Simplemente me está dejando saber que sigue ahí, que puede tocar timbre cuando quiera.

Mi compañera sigue viviendo conmigo. Alguna gente me dice que ya se va a ir. La mayoría de los cerrajeros me dice que tengo que aceptar que va a estar siempre al lado mío. Prefiero ese realismo. Es más difícil pero por lo menos no vivo esperando que se mude y me preparo para que la convivencia sea más llevadera. Agrando el departamento, le doy espacio para que se vaya a otra habitación y me deje un rato sola. Es tanto esfuerzo mantenerla ahí que me duele todo el cuerpo pero la engaño con pavadas, la distraigo con un libro. A veces cuando no doy más le tiro un poquito del repelente, sólo en emergencias. Intento vivir bien. Realmente lo intento. Decoro con cosas lindas, pongo música que me gusta bien fuerte, a veces hasta puedo salir un poco, me tomo un café en la esquina y todo es más llevadero. Las cosas que rompió no tienen arreglo pero busco y busco a ver si puedo encontrar cosas nuevas más lindas que me hagan igual de feliz, aunque extrañe las que solía tener y a veces sienta que estoy muy vieja para poner algunas de los adornos nuevos que me gustan.
También si soy honesta por ahí siento que a lo mejor un día voy a volver y ya no va a estar más. Hay gente que tiene este tipo de visitas por poco tiempo, a lo mejor encuentro el tipo correcto de cerradura y las encierro del lado de afuera. A veces siento mucho miedo, y es difícil hablar de eso, de que esto no pase y tener que mudarme yo.
Por épocas, hace mucho no tengo una de esas, mi compañera se encierra en su cuarto a mirar el celular y sólo sale para buscar comida así que me puedo ir más tiempo, más lejos, sin que me persiga. Me siento libre, que nada me frena, parezco una mina en una publicidad de tampones. Pero igual todo el tiempo, muy seguido porque es gratis, me manda mensajes diciéndome cosas como “mirá si te estás por morir y nadie te cree porque creen que es un chiste mío”. A veces pienso que los tiene programados y se van mandando solos. Alguien me recomienda que la bloquee pero no entiende que puede escribirme desde otro lado, ya se sabe mi número de memoria. Entonces sé que no vale la pena. Voy caminando disfrutando la tarde, de la mano del hombre que amo y me vibra el bolsillo. No necesito mirar la pantalla para saber quién es.

Cómo quisiera poder romper el celular.

Gabuleta.

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Gabuleta.

No podía parar de hablar.