“Okja”, la sociedad actual y yo.

Okja es la nueva película de Netflix estrenada el pasado 28 de Junio y que ha causado gran controversia tanto por los temas abordados (maltrato animal, las grandes corporaciones, los ídolos públicos, entre otros), como por haber pasado directamente a la pantalla chica después de su estreno en el Festival de Cannes 2017.

Esta película pertenece al director coreano Bong Joon Ho, producida por Brad Pitt, entre otros, y cuenta con grandes celebridades de Hollywood como Tilda Swinton y Jake Gyllenhaal. Al elenco se le suman Giancarlo Esposito (Gustavo Fring en Breaking Bad), Paul Dano (lo viste el Little Miss Sunshine), Lily Collins (genial en To the Bone, también de Netflix), entre otras caras conocidas.

¿De qué va? (cof, cof — sin spoilers)

Es la historia de una sociedad (como la nuestra), interesada en el consumismo, en alimentarse lo “mejor posible” (es decir, no con alimentos genéticamente alterados), en seguir a las figuras públicas (que se vuelven ejemplos a seguir) y en hacer una diferencia (buena o mala) en el planeta.

Mija es la responsable de cuidar a Okja, un súpercerdo de 6 toneladas genéticamente modificado por la empresa Mirando. La corporación que creó a Okja, y a cientos más de su especie, quiere recuperar a la criatura porque planea utilizarla como publicidad para su empresa, calificándola como organización ecológica y así poder vender carne que es producida industrialmente.

La historia muestra el secuestro de Okja, la búsqueda desesperada por parte de Mija para recuperarla, a una tropa incompetente del Frente de Liberación Animal, una villana corporativa (que Swinton interpreta con un tono perfecto y despiadado) y una incursión a la espeluznante dinámica del ganado y agricultura industrializados.

Creo que el éxito de toda obra (sea o no del séptimo arte) empieza por conectar con una parte de la historia personal de cada uno. Mi historia con Okja comienza hace unos años, una tarde de Junio mientras subía a una torre de una iglesia en München, y encontraba un stiker a medio arrancar, con la imagen de un cerdo que ponía “Mein Fleisch gehört mir!” (“¡Mi carne me pertenece!”). Como vegetariana me emocioné muchísimo al verlo, porque expresaba algo que yo creía (y creo).

Mi primera reacción al ver la historia de Okja fue pensar en ese stiker a medio arrancar que permanecía muy bien adherido en algún lugar de mi inconsciente. Y después me hice la pregunta incómoda: ¿qué hago yo para salvar a esas Okjas cuya carne les pertenece a ellas y a nadie más?

La película retrata, a manera de sátira, a cada uno de nosotros (vegetarianos y veganos) en los personajes del Frente de Liberación Animal (ALF, por sus siglas en inglés). Por ejemplo está Jay (el brillante Paul Dano), activista, líder de ALF, siempre buscando hacer valer los derechos de los animales.

“K”, que es el traductor del grupo e interpreta todo a su conveniencia. Pieza clave en la película si quisiéramos hacer un análisis semántico (y también semiótico).

“Red” y “Blond” y “Silver”, llamados así sin duda por su color de cabello. Cada uno con diferente compromiso con el Frente y con su estilo de vida. En un momento de la película, Silver se desvanece por no haber comido casi nada, rechazando un pequeño tomate que le ofrece uno de sus compañeros porque “quiere minimizar su impacto en el planeta”.

Creo que en la película impacta precisamente porque es la historia de una sociedad donde todos hemos sido alguna vez Lucy Mirando (omitiendo detalles importantes para que un proyecto sea un éxito, o creyendo que somos mejores que los demás), Dr. Johnny (embebidos en nosotros mismos), Jay (viviendo y luchando por sus ideales), Silver (dejando de comer tal o cual cosa al punto de dañarse a sí mismo), pero… ¿habremos sido Mija?

¿Cuántas corporaciones supuestamente ecológicas estarán haciendo (casi) lo mismo que Lucy Mirando? ¿Qué comemos realmente? ¿Cuántas celebridades relacionadas con la naturaleza y los animales serán de verdad altruistas? ¿Se podrá luchar sin violencia (como ALF) y no parecer salido de una caricatura de “Los autos locos” de Hanna Barbera? ¿Cómo influyen los medios y la publicidad en todo ésto? ¿Y el lenguaje?

A pesar de los abucheos del público ante el logo de Netflix durante el Festival de Cannes de éste año, yo hubiera aplaudido. Me parece que como empresa, ha sabido darle un giro brillante al séptimo arte, poniéndolo al alcance de muchísimas más personas (¿algo como el pop art, quizás?) y poniéndole ese toque de humor incluso a su forma de promocionar la película en su página de Facebook. La película es para recomendar por los efectos especiales, las actuaciones y su(s) mensaje(s).

Así que permítase pasar un domingo en pijama para disfrutar ésta cinta que nos ofrece Netflix recién salidita de Cannes, que le hará reír, llorar y reflexionar. Y si después me quiere contar con qué personaje se identificó o cuál fue su “momento Okja” en la vida, ¡pásese por aquí y deje su comentario!

Me gustaría concluir éste artículo con la frase con la que termina mi práctica de yoga todos los días: «¡Lokah Samastah Sukino Bhavantu! Que todas las criaturas sintientes sean libres y felices».

Show your support

Clapping shows how much you appreciated Gaby Bucio’s story.