Un futuro del pasado y el bar de mediodía

…y ese murmullo constante que adormece el oído; esa cantidad infinita de cosas que se mueven e hipnotiza nuestros ojos cuando levantamos la mirada; el olor a comida que entretiene nuestro olfato y el sorbo de café que inutiliza nuestro gusto. Lleno de gente que hace algo más que solo estar. Una compañía que nos deja completamente libres y que no requiere de nuestra atención, aunque al final tenga el costo de la cuenta.

Ayuda que sea mediodía. La luz inunda, despeja; lava los maquillajes y le quita glamour a los disfraces. Amaina la competencia. Incluso esa que llevo conmigo.

¿Por qué?

Porque estando solos los detalles abruman, porque en los lugares conocidos se esconden los recuerdos, la nostalgia; porque cada parte de la casa es parte de un cuadro que ya no existe; porque cada ruido es un gatillo para un pensamiento disruptivo; porque cada aroma es un recuerdo inevitable, porque las texturas que quedaron me hablan de aquel futuro posible y porque estos sabores, a los que me hice adicto, son recetas que una vez inventamos.

Porque mientras estamos solos, agazapado entre las sombras, el pasado nos acecha.

One clap, two clap, three clap, forty?

By clapping more or less, you can signal to us which stories really stand out.