Harriet Tubman y su lucha por la libertad.

Los Derechos Humanos son la base donde se estructuran todos los otros derechos, estos no constituyen solamente un marco jurídico sino una declaración detallada del más amplio sentido de humanidad.

Parte de la historia es la lucha por la defensa y exigibilidad de los Derechos Humanos, reconocer el aporte de personas que han sido invisibilizadas pero que impulsaron la lucha por la igualdad para todos y todas es el objetivo de este documento.

La percepción de las y los miembros de otros grupos humanos como esencialmente distintos, ha sido la base sobre la que, desde tiempos remotos, se ha sostenido el poder de grupos hegemónicos con una cierta conciencia de diferencia y superioridad. Cuando las relaciones de poder lo facilitaban e implicaba una ventaja para el sistema económico, la esclavización de los “otros” fue parte de la legalidad, la normalidad y cómodamente de lo moralmente aceptado.

Al respecto Zaffaroni (1989) indica:

“en cuanto al africano, traído como esclavo a América, en ningún momento el poder se preocupó por justificar o explicar en detalle su “inferioridad”, pues esta condición era una convicción generalizada, hasta el punto que Bartolomé de Las Casas, de tan extraordinario papel en defensa de los indios, recomendó su reemplazo por esclavos africanos” (p.6)

Y es que pensar en la historia de la construcción de avances de los Derechos Humanos, es hacer un recorrido por la lucha de la emancipación de la mujer, por el progresivo respeto a los derechos de los niños y niñas, por un lento pero constante reconocimiento de la diversidad, y también, es recordar la lucha contra la práctica de esclavizar a otros seres humanos; es decir, “la historia de nuestros derechos humanos es en buena medida la historia de nuestras luchas para rechazar las inferioridades que nos imputan” (Zaffaroni, 1989, p.117)

Uno de los capítulos más vergonzosos de la historia de la humanidad, duró 400 años e implicó que millones de personas en el mundo, fueran víctimas de la trata trasatlántica para ser esclavizadas. La historia de la lucha por la abolición de la esclavitud ha sido construida, reproducida y hasta mercantilizada, pero muchos de sus fragmentos, personajes y batallas han sido minimizados. (Gallego, 2005)

Hombres como Abraham Lincoln, William Wilberforce, Julio Vizcarrondo, Antonio Carrasco, Martin Luther King y Nelson Mandela son quizá los más reconocidos por la lucha de la abolición de la esclavitud. Sin embargo, la historia de los pueblos afrodescendientes ha sido contada y construida desde los hombres, muchos de ellos, incluso, caucásicos y pertenecientes a los grupos del poder.

Y es que como lo explica Lagarde (2009) “el sujeto dominante se constituye en voz, razón, imagen y representación, y se convierte en estereotipo cultural, rector y masificador de la diversidad aplastada, en paradigma de la humanidad” (pp.2–3)

Pero existen otros personajes, muchas de ellas mujeres, que impulsaron los avances en la defensa y exigibilidad de los derechos humanos y lo hicieron desde la época de la esclavitud, porque

“(…) la protesta de las mujeres recorre el mundo hace más de siglo y medio. Desde que nuestras ancestras y nuestras contemporáneas se dieron cuenta de que su situación, la injusticia vital y la infelicidad que las embargaba no eran naturales, tenían causas históricas y era posible cambiarlas” (Lagarde, 1997, p.8)

Una de estas mujeres es Harriet Tubman quien nace en 1820 para convertirse en una libertadora y unirse a la lucha por el sufragio de las mujeres. Una lideresa que, no solo se atrevió a desafiar los mandatos de la esclavitud, sino también del patriarcado. Tubman conquistó el espacio público recorriendo las vías de los ferrocarriles de noche, rescatando esclavos y esclavas en estados americanos como Pensilvania, Marylan y Delaware. (Clinton, 2004)

Una mujer empeñada en no usar la violencia como parte de su lucha, que señaló al icónico expresidente Abraham Lincoln por lo que ella consideró falta de voluntad para acabar con la esclavitud, sin embargo, utilizó la Proclamación de Emancipación realizada por el presidente en 1863 como una oportunidad para liberar a su pueblo y se convirtió así en la primera mujer en dirigir un asalto armado durante la Guerra Civil. (Clinton, 2004)

Su trabajo como exploradora, enfermera y estratega lo desarrolló sumida en la pobreza durante toda su vida, y bajo esas condiciones nunca detuvo su lucha por el sufragio de la mujer, movimiento que lideró de la mano de Susan B. Anthony y Emily Howland. (Clinton, 2004)

Finalmente, muere en 1913 y recibe entonces una serie de reconocimientos por su trabajo humanitario. Ahora bien, que la lucha de Tubman no se sea de conocimiento popular, ni una de las principales lecturas en los libros de textos académicos, ni siquiera en los postgrados especializados en la materia, no es casual. Harriet fue mujer, una mujer negra.

Las mujeres no son el único grupo de la sociedad invisibilizado en la historia, el perfil de ser humano hegemónico ha marcado como inferior a lo que sea diferente a un hombre blanco, adulto, de clase media y occidental; como lo explica Lagarde (2009), “las mujeres comparten con otros sujetos su condición política de opresión, y con grandes dificultades para ser reconocidas como pares y legítimas, han confluido con los pueblos indígenas, los homosexuales, las comunidades negras y los grupos juveniles” (p.3)

Tubman además, fue minimizada en su lucha, pues, aunque parte de un colectivo amplio, se negó a ejercer un poder vertical, y esto no es producto de la debilidad o la falta de raciocinio, responde a que las mujeres históricamente se negaron a pagar el precio de la auto represión para alcanzar ese poder, poco ético, que habían tenido los hombres por todos los tiempos.

Entender y visualizar la vida y lucha de Harriet Tubman es reconocer el aporte que dio, no solo para las personas afrodescendientes y las mujeres, sino en la construcción de una sociedad más justa e igualitaria.

Esto permite, además, comprender la importancia de los Derechos Humanos, pero de esos que nos nombran a todas y todos, no sólo a un grupo de humanos casi siempre blancos, casi siempre hombres, casi siempre occidentales. Por el contrario, permite visibilizar la invizibilización histórica de una buena parte de la humanidad, y nos hace un llamado a dar un grito de lucha por la dignidad de todas las personas en sus diversidades, y con sus significantes. Sobre todo aquí, en este continente, en estas comunidades, en esta matria nuestra.

Bibliografía

-Arroyo, R. (1994) Conceptos Básico de Derechos Humanos y Aportes Feministas./En/Módulos de Derechos Humanos de las Jóvenes, ILANUD (p.5)

-Clinton, C. (2004). Harriet Tubman: The Road to Freedom. New York: Little, Brown and Company.

-Gallego, J. (2005) La esclavitud en la América Española. Ediciones Encuentro. Madrid, España.

-Lagarde, M. (1997) Identidad de género y derechos humanos. La construcción de las humanas. En modulo caminando hacia la igualdad real. ILANUD.

-Zaffaroni, E. (1989). La historia de los derechos humanos en América Latina. En L. Olgín. (Ed), Educación y Derechos Humanos: Una Discusión Interdisciplinaria. (pp 21–80). México: Instituto Interamericano de Derechos Humanos.

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