La casa en la que viví

Llegamos juntos. A mi papá le dieron las llaves justo el día en que nací. Es la clara referencia al dicho “vino con torta bajo el brazo”. La casa en la que viví 28 años está en una colonia popular, en las orillas del estado de México.

Durante varios años fue el centro de mi universo y el escenario de las discusiones más irreales que se pueden dar entre hemanos. También fue sede de fiestas de cumpleños y hasta el centro de juegos más grande que se haya visto en la tierra.

Como niño piensas que vivirás ahí durante toda tu vida y ves amenazada tu tranquilidad cuando tu papá asegura que existe la necesidad de cambiar de residencia, pero con el tiempo, la reiteración de esa frase y las pocas intenciones de llevar a cabo el plan, regresas a la normalidad y pasan años, muchos, para que esa tranquilidad sufra un cambio radical

Cuando te haces adulto y necesitas emprender el vuelo tienes la idea de que seguirá ahí por siempre y que será una especie de patrimonio para alguien de tu familia, pero las cosas no son eternas y todo inicio tiene un fin.

Y aunque mis papás parecen estar contentos con el cambio, siempre quedará el sentimiento de que ese espacio fue tuyo y que de alguna manera se te va parte de tu vida…

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