Algunas reflexiones sobre el equívoco de la Arquitectura

En la literatura y el pensamiento en general, las intersecciones vocacionales parecen dar siempre resultados muy fértiles. Las miradas frescas con las que observa ciertas realidades desde la lente de alguien que se formó en una disciplina distinta ayudan a abonar la tierra en la cual se cultiva y cosecha el pensamiento. Dostoyevski era ingeniero militar pero hoy lo reconocemos como uno de los principales escritores de la Rusia zarista, Primo Levi fue químico y hoy lo pensamos por sus ensayos, libros y cuentos y Gabriel Zaid o Luis Barragán, por mencionar a mexicanos, se formaron en la ingeniería pero se desarrollaron en la poesía y la arquitectura respectivamente. La formación original, en algunas ocasiones, más que enfrascarse en cierta vocación, nos permite acercarnos a distintas realidades con miradas nuevas y experiencias diversas que enriquecen y cuestionan lo ya dado por cierto.

Esto no es ajeno al pensamiento de la Arquitectura, el cual no pocas veces es criticado de endogámico y cerrado, por lo que es revelador cuando se ponen en la mesa miradas ajenas que ven y cuestionan el quehacer. Fabio Vélez es Filósofo y Doctor en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada, por lo que no parecen raros sus libros sobre Rousseau y la economía política o alrededor de Hobbes y el lenguaje, pero lo que es una sorpresa, y donde tal vez valga más la pena pegar el ojo, es en sus nuevos libros sobre la Arquitectura y la ciudad, que publicó con sólo algunos años de haber ingresado a la Facultad de Arquitectura de la UNAM después de haber dado clases en la UPAEP y en el ITAM en los departamentos de lenguas.

El contexto — del autor — no es cosa menor y por eso la intersección es fundamental, cuando se estudia y se escribe sobre arquitectura desde la filosofía y la historia, y aún más, desde el propio lenguaje, lo que se ve de la propia arquitectura es justamente la forma en la que pensamos y valoramos lo que ella es y lo que esta implica. ¿Nos permite la palabra “arquitectura”, entendiéndola como la entendemos nosotros, pensar la arquitectura? escribe Fabio en su libro Arquitectura, historias de un equívoco, donde justamente, la arquitectura se ve a la luz no de corrientes, movimientos, obras o autorxs, sino de sus propios equívocos, es decir, de las distintas formas en la que esta se entiende o interpreta.

Plaza Léon Laucoc

En Arquitectura, Fabio rastrea el primer uso de la palabra «arquitecto» que aparece con Herodoto, y aunque pueda parecer contradictorio, primero hubo arquitectos y solo después arquitectura, pues en la Grecia clásica no existe la (palabra) arquitectura, existe eucodomía (y esa producción final, donde participan arquitectos y otros saberes-haceres no recibe el nombre únicamente de uno de sus actores, los arquitectos, para nombrarse). Ya con el Latín aparece la palabra arquitectura para nombrar aquello que saben y se dedican los arquitectos, sin embargo, incluso Vitruvio no identifica la arquitectura con la propia edificación sino más bien con el proceso y el conocimiento constructivo. Ya para el Renacimiento, como es bien sabido, las cosas cambian y la arquitectura se ocupa cada vez menos de los saberes constructivos y pasa a interesarse cada vez más en los valores formales de la estética y el arte, medidas, proporciones y órdenes. (es un trabajo intelectual), todo esto hasta llegar a Le Corbusier, donde la arquitectura es una obra de arte (…) situada fuera y más allá de los problemas constructivos, y donde por primera vez se nombra el producto final construido con la palabra Arquitectura. ¿Cómo entender esta transformación léxica y semántica? ¿Que tiene todo esto que ver con estudiar la propia arquitectura? ¿Por qué sería importante más allá de una curiosidad histórica? Realizar una genealogía de las palabras y conceptos más básicos que comprenden esta disciplina, como arquitectura o arquitecto, pone en evidencia cómo se construye el discurso y, por lo tanto, dónde se encuentran los equívocos. Fabio propone precisamente que el equívoco se encuentra en tratar de dar una definición completa, pues menciona que es un concepto histórico y cultural y por lo tanto no hay manera de comprenderla cabalmente de una vez y por completo. Siempre hay que historiarla. Nos hace una invitación, entonces, a tratar de desentrañar el equívoco del presente y de nuestra cultura.

Una lectura sobre las implicaciones ecológicas, políticas y sociales que conlleva la insostenibilidad de nuestro presente necesitaría bastantes líneas más, pero en lo que concierne a cómo se concibe la arquitectura desde la hegemonía cultural occidental nos da bastantes pistas sobre aquello que es priorizado. Esto nos remite al pensamiento dicotómico impulsado por un modelo de racionalidad y un ideal de progreso. Primitivo-civilizado, irracional-racional, visible-invisible, práctica-teoría. Algunas de estas oposiciones funcionan como un ejercicio rápido que da cuenta, en parte, de la base cultural de las lógicas del hiperconsumo. La necesidad imperante de construir, de materializar un proyecto, de realizar una intervención, de hacer tangible el objeto arquitectónico, responde más a lo redituable que a cuestiones del habitar. Pareciera una obviedad, pues ¿qué no responde a lo redituable en nuestros días? De todas maneras cabe señalar porque la inercia productiva termina por confundirnos. Dicho de otra forma, reconocer que las lógicas de producción/consumo son inescapables en lo individual, teniendo en mente — en la medida de lo posible — que son lógicas de producción/consumo y no cuestiones ontológicas del habitar, es distinto a pensar que el habitar humano es intrínsecamente un objeto construido.

En una entrevista sobre los proyectos de OMA, Reiner de Graaf platicaba lo que descubrió cuando eran comisionados por grandes empresas o corporativos para llevar a cabo una ampliación o un nuevo proyecto de oficinas con la intención — de la empresa — de mejorar o corregir algunas situaciones sobre el funcionamiento interno en el trabajo. Al hacer una investigación sobre las condiciones actuales de las oficinas para plantear el nuevo programa arquitectónico, es que muchas de las soluciones esperadas por sus comisarios no pasaban por el espacio, es decir: muchas de las problemáticas de las empresas que buscaban solucionar con nuevos edificios o reformas, tenían más bien que ver con problemas de logística, metodologías o formas administrativas. Sin embargo, y como escribe Fabio, bajo el argumento alimenticio (de algo tienen que comer los arquitectos), la oficina de arquitectura comisionada tenía que terminar por proponer nuevos espacios que buscarán solucionar espacialmente problemas que no pasaban por esa dimensión. Entre las muchas cosas que se podrían discutir alrededor de esto, nos interesa especialmente hacer hincapié en la necesidad, o en la unicidad de la construcción y producción espacial como la única alternativa viable que encuentra la arquitectura en general para poder trabajar, y cobrar por ello, en las problemáticas contemporáneas del trabajo, la vivienda y el habitar en general. ¿Acaso no podría existir lo arquitectónico fuera de la construcción de la obra? ¿De qué otras formas lxs arquitectxs podríamos participar en las sociedades contemporáneas?

Sobre esto Fabio es claro, lxs arquitectxs podrían hacer mucho sin construir absolutamente nada, y aún más, lxs arquitectxs deberían de pensar más y construir menos, pensar más en el habitar contemporáneo, ya que la arquitectura es fundamentalmente inhabitable porque nuestro habitar es inhabitable, nos dice Fabio al respecto de las imposibilidades que enfrenta la disciplina siendo parte de los procesos productivos del capitalismo tardío, y nuestro habitar es inhabitable porque nuestros hábitos resultan ser, ecológica y socialmente, insostenibles en el espacio y el tiempo. ¿Cómo ver esto dentro de los canales de la producción arquitectónica contemporánea? ¿siempre el habitar pasa por lo construido? ¿hay formas de ejercer la arquitectura fuera de la construcción y los objetos arquitectónicos?

Plaza Léon Laucoc

Resulta extraño encontrar dentro del gremio a quien, después de reconocer que la intervención sobra, decida no intervenir. Fabio encuentra un ejemplo para pensar las formas en que lxs arquitectxs entienden y se aproximan a su quehacer, construyendo ciertos márgenes de libertad y responsabilidad del oficio. Nosotrxs encontramos otro opuesto al suyo, tanto formal como reflexivamente, pero es interesante que ambos son de arquitectura contemporánea y ambos son proyectos de remodelación de plazas públicas. El primero es de Lacaton & Vassal en la plaza de Léon Aucoc en Burdeos y el otro de MMX para el centro de Jojutla en Morelos.

Después de los sismos de 2019, uno de los municipios más afectados fue Jojutla de Juarez en Morelos, muchas viviendas, equipamientos y edificios públicos como el palacio municipal sufrieron daños. En este contexto diversas organizaciones sociales llegaron a esta ciudad y después de lograr recaudar fondos se plantearon reconstruir muchas de las áreas y edificios públicos de la ciudad. MMX se encargó de rehabilitar la plaza cívica y los jardines municipales de Jojutla, el kiosko que se había dañado se tuvo que demoler y fuera de los daños causados por el sismo la oficina de arquitectura encontró una plaza que describen como desarticulada, rara y con espacios y estructuras residuales, con una mala imagen urbana y espacios subutilizados. La estrategia de MMX fue no solamente retirar los elementos dañados y subutilizados, mejorar las jardineras y mobiliario existentes y replantear los pavimentos y caminos para conservar la plaza como estaba, sino más bien, se interesaron por replantear el sentido original de la plaza, definiendo áreas y sobre todo construyendo y edificando ahí donde antes el espacio abierto e indefinido permitía una serie de usos espontáneos como mercados y ferias. Después de retirar las estructuras subutilizadas o dañadas, de nivelar toda la plaza al nivel de calle evitando los basamentos y escalones, no bastaba con dejar la plaza abierta y continua, la necesidad imperante de la producción contemporánea de construir y materializar la intervención físicamente apareció en un bello y celebrado edificio abierto de crucetas de arcos de ladrillos. No nos proponemos poner en duda el bien llevado proyecto y la obra rigurosamente terminada, sino más bien la necesidad generalizada del gremio por dejar la firma de la autoría y la obra reconocible como la única estrategia de ordenar el espacio y entender el habitar. ¿Existen otras alternativas? veamos el segundo ejemplo.

La oficina franco marroquí con sede en Francia de Lacaton & Vassal, recién premiada con el Pritzker 2021, recibió en 1996 por parte del ayuntamiento de Burdeos el encargo, dentro de un programa de embellecimiento de varias plazas, la tarea de reformar la plaza Léon Aucoc, después de visitar el sitio lxs arquitectxs escribieron:

“constatamos que era ya muy hermosa: una plaza de forma irregular, rodeada de árboles, con bancos, un espacio para jugar a la petanca y casas con fachadas sobrias pero bien compuestas alrededor. Pasamos largos ratos observando lo que ocurría y hablando con algunos de sus vecinos. Por su ubicación, la gente que reside en ella, así como por su arquitectura sencilla y ordenada, la plaza Léon Aucoc se asemeja a una plaza de pueblo. Es un bello ejemplo de arquitectura suburbana y de hábitat colectivo social.La grava del espacio central está perfectamente contenida por su límite de granito y su calzada de asfalto. Es un pavimento menos duro que el adoquín o la piedra, sobre el cual son posibles actividades tan diferentes como la pelota o la petanca. Es un suelo permeable en el que los árboles no tienen necesidad de alcorque. El atractivo de esta plaza reside en su autenticidad. Tiene la belleza de lo que es evidente, necesario, suficiente. Su sentido se manifiesta con claridad, la gente se siente en su casa. Es también una plaza frágil, un lugar delicado, donde existe un equilibrio. Los pocos inconvenientes que observamos no justificaban cambios importantes. Reina una armonía y una tranquilidad moldeada por los años”

Al platicar con los vecinos tampoco encontraron algún descontento, por lo que concluyeron que la plaza ya era hermosa en su estado actual, no había ninguna reforma grande que tuviera lugar en este proyecto Por lo tanto, las respuestas debían ser concretas. Nuestro proyecto se limitó a proponer trabajos sencillos e inmediatos de mantenimiento (cambiar el suelo de grava, prever limpiezas periódicas, podar los tilos, etc.), con la finalidad de mejorar el uso de la plaza y satisfacer a los vecinos. La decisión fue aceptada por el ayuntamiento y la plaza se conservó como estaba, más allá de las puntuales acciones, y los vecinos continuaron con la plaza de su barrio.

Esta caso es sin duda un ejemplo muy particular, pero donde queda de prueba que el gremio tiene todavía la capacidad de actuar con libertad, y de incluso a veces proponer no hacer nada, donde a costa de perder publicaciones y mayor notoriedad, logran conservar el espacio construido en la experiencia por y para la gente.

Plaza Léon Laucoc

El gesto de Lacaton & Vassal, que manifiesta que a veces no hacer nada permite hacer mucho, nos recuerda que la ciudad es construida por y para la gente, y aún más, que la ciudad debería de reconocer y poner en el centro al habitante y su habitar, y en ese sentido el proyecto deja que exista y celebra esa colaboración, donde en vez de imponer el proyecto como obra edificada acepta la ciudad, y sobre todo en sus espacios comunes y compartidos, como obra colectiva e histórica.

Al ver las fotografías de la plaza Léon Aucoc cuesta creer que en este viejo espacio ocurrio un proyecto contemporáneo de arquitectura, y si no se conoce el proyecto no hay pista alguna que permita adjudicar su reforma a ninguna oficina, la única forma en que parece posible entender la plaza es habitandola, paseandola o incluso ignorandola. Por el otro lado en Jojutla la plaza es ahora inseparable de la obra y la firma, y por más que se escriba y se documente las formas en las que la gente se apropie de la obra, siempre será sobre ella, sobre la pieza edificada, mediatizada y adjudicada.

¿Qué implicaciones tiene que se nombre el producto final de una extensa colaboración de actores y saberes con el único nombre de uno de sus participantes? ¿Por qué si buscamos, por ejemplo, albañilería en su entrada en la RAE encontramos Arte de construir edificios u obras (…) Obra de albañilería, pero no arquitectura? y se pregunta Fabio ¿Ocupa el arquitecto un reservado lugar de privilegio en ese proceso productivo? ¿Se han parado los arquitectos a pensar que puede construirse sin arquitectos, pero no sin obreros?.

Los distintos lugares desde los que habla Fabio no solamente hablan de él. Hablan de cómo se puede interpretar y pensar en el quehacer arquitectónico tratándose de algo tan relacionado con el habitar humano. La disciplina no cuenta con un aparato teórico o metodológico de pensamiento, pues no es una ciencia social ni biológica, sino de propuesta formal. Si la arquitectura pretende interpretar — y debería pretender hacerlo, pues el habitar humano no es cosa fácil ni conocimiento consolidado — , debe abordarse como un conglomerado de enfoques. Fabio nos dice que el equívoco contemporáneo consiste en pensar que la arquitectura es la acción de un individuo cuando en realidad es un esfuerzo colectivo inserto en un proceso productivo mayor. Si la multidisciplina se muestra presente e inevitable en la escala macro, ¿por qué no en el pensamiento individual?

Hanna Hernández Ortega. Ciudad de México.

Estudié Arquitectura en la UNAM, pero ahora escribo y pinto. Fui becaria de la École des Beaux-Arts de Fontainebleau y comencé una trayectoria laboral como pintora independiente. En el 2020 me dediqué a la investigación, tanto de mi proyecto de tesis como de otros temas de mi interés, dentro de los que se encuentran la teoría e historia de la arquitectura, el habitar, la representación gráfica y sus codificaciones, el género y el arte.

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