El iPad de van Gogh


Por Julián Gallo

Cuando van Gogh empezó a estudiar arte tenía 26 años, era demasiado grande para iniciar una vocación artística. Sin embargo, cuando a los 37 se suicidó de un balazo en el pecho, ya había pintado más de 900 óleos y alrededor de 1300 acuarelas, grabados y dibujos. Pese a la brevedad de su vida artística, su obra es monumental. Se sabe, gracias a las cartas que intercambió con su hermano Theo, que hubo días en los que pintó más de un cuadro, aunque el promedio de su obra es de un cuadro cada cuatro días. Pintaba vertiginosamente, como un poseído, en el intento de captar algo efímero que sucedía frente a su mirada. Vincent corría detrás de la luz, de los colores y de las formas, pero sentía que nunca llegaba del todo hasta ellos y que jamás podría entenderlos.

Los elementos de que disponía para esa tarea eran, entre otras cosas, demasiado lentos y aparatosos. Imaginemos un día cualquiera en la vida de van Gogh. Sale de su casa temprano por un camino ventoso llevando un bastidor, un caballete de campaña, una caja con óleos, los pinceles, algo de comer y beber; llega a un punto cualquiera, en alguna parte remota en medio del campo, e intenta captar allí lo que veía antes de que se produjera un cambio en la luz. De haber tenido Vincent otros instrumentos de pintura, ¿qué hubiese hecho?

Sin título. David Hockney con iPhone

En 2009 el pintor inglés David Hockney descubrió que podía realizar pinturas en su iPhone. Comenzó a usar una aplicación llamada “Brushes” que emula muy bien casi todas las características reales del acto de pintar. En un lienzo electrónico desplegado en la pantalla, el artista puede elegir los colores, el grado de las transparencias y opacidad de la materia, la forma del trazo de los pinceles. De esa manera la obra de Hockney, inclinado en sus últimas obras a la pintura monumental, se extendió a un soporte impensable: su iPhone. En 2010, poco después del lanzamiento de iPad, Hockney se compró uno y declaró: “Picasso se habría vuelto loco con algo así. Yo pensaba que el iPhone era magnífico, pero esto lleva las cosas a otro nivel”.

David Hockney con iPad

Más tarde Hockney hizo una muestra peculiar de sus pinturas iPhone e iPad. Una galería en penumbras mostraba las tablets y los teléfonos colgados de la pared con pinturas de escenas cotidianas que el artista había captado: floreros, ceniceros, platos, gorras, vasos, sillones, retratos, árboles, caminos.

¿Son las pinturas de Hockney en iPad arte verdadero? ¿O son un juego? Quién lo sabe. Pero podemos estar seguros de algo: de haber tenido un iPad, van Gogh hubiese andado de acá para allá con su tablet pintando todo lo que veía. Con la punta de su dedo sobre el cristal habría hecho miles de pequeñas pinturas, rápidas, secas, brillantes, que siguiendo ahora el hilo de la imaginación, hubiese subido a Facebook o a Instagram para compartirlas con sus pocos

amigos, con su hermano Theo, y hasta con Paul Gauguin, que desde la lejana Polinesia no dejaría, también él, de publicar en Facebook desde su propio iPad sus pinturas de mujeres desnudas o envueltas en pareos floreados, de perros, de pavos reales, esperando secretamente un like de Vincent que aprobara sus cuadros a la distancia, al menos una vez.

Publicado en La Nación el 23 de agosto de 2015

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