Mike, sin su cabeza

El pollo sin cabeza y el periodismo

(Publiqué este artículo en el anuario de ADEPA 2o15. Gracias Matías Bottinelli)

No me sorprendió que el jueves 10 de septiembre de 2015 la nota más leída del día en la versión online del diario La Nación fuera la historia de “Mike, el pollo que vivió un año y medio sin cabeza”. No era una nota propia (era de BBC Mundo), no era de Argentina, no era nueva (la historia de este pollo decapitado que fue alimentado por la garganta durante un año y medio sucedió en 1945), no era exclusiva, no era breve, no era multimedia, no tenía sexo, no se relacionaba con ningún famoso, no contenía una lista, ni un ranking, no había surgido de algoritmos trackeando la conversación en Twitter, no era nada de lo que se supone que son los elementos que inclinan a un contenido hacia el éxito, pero tenía algo extraordinario, algo que muy rara vez tienen las cosas que publican los diarios: era irresistiblemente interesante. ¿Cómo pudo un pollo vivir un año y medio sin cabeza? ¿De verdad sucedió? La nota de BBC era buena, estaba bien escrita, tenía la cantidad de datos exacta y fue un hit en todos los diarios sindicados en los que se publicó.

Me puse a rastrear a su autor, un tal Chris Stokel-Walker. Se trata de un periodista muy joven: Tiene solo 25 años, colabora con Buzzfeed, es autor de tres libros, escribe también en The Guardian, The Economist y The New Statesman. Al parecer, Chris tiene gran talento.

Volviendo al 10 de septiembre, para comprender la hazaña de la que hablo, tendríamos que considerar que el pollo compitió con más de 60 notas en la home de Lanacion.com, noticias de política calientes en un año electoral, noticias deportivas, noticias policiales, entrevistas, etcétera. Pero, durante horas, nada pudo desplazar a Mike. ¿Cómo puede ser que haya pasado eso? ¿Es tonta la audiencia? ¿No se da cuenta de las importantes declaraciones de tal o cual candidato? ¿No le presta atención a los vaivenes internacionales? ¿No quiere saber del Papa, del clima, del precio del dólar? ¿No le importa la realidad? En estos casos existe una tendencia a considerar con desdén el comportamiento de la audiencia, como si estas preferencias por el pollo decapitado solamente sirvieran para demostrar el bajo nivel intelectual, la inmadurez o la superficialidad de los lectores.

Es probable que algunas personas sean así, pero ¿todos?, ¿la mayoría?. Mi explicación es más tajante. La razón por la que estas notas se ubican en los primeros lugares es porque son más interesantes que la mayoría de las noticias. Es más, la mayoría de las noticias casi nunca lo son. Este es el nuevo dilema del periodismo (probablemente insalvable): Hay un desacople entre lo que se produce de manera noticiosa y lo que la gente quiere leer.

No sé quién está leyendo esto ahora, pero quiero pedirle permiso para formular una idea un poco irreverente: tal vez el supuesto en el que se apoyaron los medios durante décadas no era real. Tal vez las noticias nunca fueron tan importantes como se creía. Tal vez lo que pasaba antes era que no había otra cosa en el mundo que se actualizara todos los días y por eso las noticias ocuparon un lugar privilegiado para captar la atención de la audiencia. Tengo la idea de que las noticias no nos interesan por lo que se cree que deberían interesarnos. Lo hacen por otra cosa, por lo mismo que nos atrae el cuerpo de Mike sin cabeza: porque nos llaman la atención, porque nos dan curiosidad, porque despiertan una emoción inquietante en nosotros, porque nos dan un tema de conversación para hablar con otros, porque estimulan nuestras opiniones y eso nos intensifica, por otras cosas muy distintas a la idea de “estar informados”. Las noticias a veces coinciden con nuestras emociones, entonces las consumimos con fruición y avidez. Pero lo que nos atrae no es la información, no es la noticia: es el horror que cuentan, las miserias humanas, el miedo a morir, la envidia al éxito, el temor al fracaso, la percepción de la gloria, la culpabilidad, la ira, el amor, la felicidad… Muy de vez en cuando las noticias representan esas emociones o expanden la duración de esas emociones. Pero la mayor parte del tiempo no hay nada de eso. Me aventuro a decir que el culto a las noticias está matando a los medios de noticias. Los medios no están preparados para comprender las emociones ni para despertar la atención cuando las noticias languidecen. Casi todos los días los medios deberían decir: “Hoy no pasó nada”. Entonces se la pasan tomando lista a las cosas, a las declaraciones de los políticos, a la formación de los planteles de fútbol, al clima, al tránsito, a los pequeños robos, a las inauguraciones de algo. No hay sorpresa, no hay atención.

Antes era fácil. Los medios no competían contra nada y hoy compiten contra todo.

Pienso que si los medios de noticias no modifican sus objetivos, si no redefinen su tarea, si no dejan de estar esperando que las cosas pasen para salir a contarlas, si no tratan de encontrar a todos los Chris Stokel-Walker del mundo y se deciden a pagarles lo que valen, si no aprovechan su acceso privilegiado para contar historias asombrosas, si no buscan cada día a todos los pollos decapitados de todos los temas que existen o que podrían existir, si no se reinventan por completo… la audiencia se irá a buscar algo interesante a otro lado. Perderán así los medios de noticias una parte o la totalidad del único activo que realmente vale en esta época: la atención humana. Estoy exagerando para hacer que las cosas sean visibles. De todas maneras no tengo dudas de que cada medio de noticias en el mundo debería reunirse con su redacción para tratar de entender qué les está diciendo Mike que no logran entender.

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