El uso político de hacerse los virtuosos

julian gallo
May 13 · 5 min read

Es un fenómeno mundial. Cada vez es más común en las redes sociales y también en los medios de comunicación ver a personas que ante algunos temas de actualidad con contenido social se muestran muy indignadas, conmovidas, enojadas, irritadas en un grado que muchas veces va un poco más allá de lo creíble. Quizás sus declaraciones son motivadas por emociones sinceras que los llevan a expresarse así. Pero tal vez no es sólo eso. Es posible que en algunos casos sean actuaciones donde están poniendo en práctica lo que se denomina “virtue signalling”, señalamiento de la virtud — o forzando un poco la traducción- se “hacen los virtuosos” para obtener rédito personal y situarse en un nivel moral superior. Esto se aprecia, además de en las redes, en los discursos de muchos políticos, a veces en las declaraciones de actores y actrices, en los formadores de opinión cuando asisten a programas generalistas de televisión y también en la editorializaciones emocionadas que hacen algunos conductores.

Aunque no hay consenso de una única definición de “virtue signalling”, ésta puede ayudar a entender qué es: “Virtue signalling” es la práctica de expresar públicamente opiniones o sentimientos con la intención de demostrar a otros que se es buena persona o que se tiene corrección moral sobre un tema en particular.

O sea, se trata de hacer una declaración, muchas veces a través de la indignación exagerada o el enojo, pero también puede ser usando la congoja, la pena o diciendo que se está muy angustiado por una noticia, para intentar expresar de contrabando una virtud personal, por ejemplo, la bondad, la humildad, la solidaridad, el compromiso social, de tal forma que los demás puedan interpretar lo virtuoso que se es sin tener que hablar uno mismo de sus propias virtudes. Algunos autores destacan que esas expresiones son especialmente cínicas porque no se corresponde con acciones verdaderas. Según el periodista David Shariatmadari, de The Guardian, llegado el caso: “La señalización de la virtud es una declaración que hacés porque te parece que vas que recibir aprobación, en lugar de porque realmente la creés. Es una forma de vanidad, peor aún porque está disfrazada de convicción desinteresada.”

Es difícil saber quiénes son los que creen o no creen de verdad en lo que dicen y quiénes lo hacen por vanidad. Está claro que no todos mienten sobre sus emociones o su compromiso social.

Aunque la señalización de virtudes también se hace en la vida cotidiana sobre cualquier tema -y todos sin excepción en algún momento lo hacemos- el uso que me ocupa acá es el que identificó la prensa en Inglaterra, Canadá, Estados Unidos y Australia- que se ciñe al aprovechamiento de declaraciones sociales y políticas para señalar las propias virtudes y al mismo tiempo contribuir a la superioridad moral de un grupo por sobre todos los otros.

Según James Bartholomew -el periodista y escritor británico que popularizó el término en una nota en el diario Spectator- cuando alguien dice, por ejemplo, “Odio a Trump”, en realidad está queriendo que sepamos que se trata de una persona buena. No es que esa persona no odie a Trump ¡sí! ¡claro que seguramente lo odia! Pero también puede estar buscando algún tipo de recompensa personal por decirlo, una especie de enriquecimiento de sus virtudes que aumentará la cotización de su reputación. No lo dice gratis.

Cualquier situación política o social puede servir para enojarse, apenarse o expresar una emoción positiva que sirva para aumentar de forma ficticia el valor a las propias virtudes. El que lee puede hacer su propia lista mental argentina de personas que se hacen los virtuosos que con frecuencia aparecen en la televisión o en las redes sociales, a los que, por alguna razón, no les cree del todo ¿Serán ellos ejemplos de “virtue signalling”? ¿La indignación o la angustia de esas personas son reales o se estarán exagerando para aprovechar y producir un poco de riqueza moral para ellos mismos y su grupo? Conviene siempre prestarle mucha atención a las declaraciones emocionadas, a veces solo se están haciendo.

Darse a conocer y contagiar

Así como una persona se llama a silencio y puede llegar hasta cambiar de opinión para coincidir con las normas que cree que son las que un grupo aprueba, en las redes sociales se puede apreciar cómo se contagia la indignación de forma muy similar.

En ciertas condiciones, cuando alguien en un grupo señala su virtud puede resultar muy difícil para el resto mantenerse en una posición neutral. Esto pasa en las redes sociales, pero también en el trabajo, la universidad, los grupos de WhatsApp, el club. En la situación adecuada un “virtuoso” puede indignarse por un tema y establecer una posición moral tan alta frente a otras personas que estas se sientan forzadas a seguirlo, aún en desacuerdo.

En caso contrario deben arriesgarse a que su pasividad potencialmente los incrimine. Saben que es posible que su silencio puede dar a entender que no poseen las virtudes suficientes y quedar ante los otros como “malas personas”. Por eso es más fácil y socialmente mucho menos costoso plegarse a aquellos que se nutren para sus declaraciones de una fuente moral aparentemente superior, que mantenerse apartado y generar sospechas. Pero no todos se contagian. No contagiarse es también una manera activa de dar a entender otras posiciones. El silencio en ese caso no es una señal de aprobación, es un antídoto de bajo costo social (sólo hay soportar la sospecha) que intenta detener a las exhibiciones de superioridad sin plegarse a ellas. La táctica del silencio es efectiva para reducir la propagación de la falsa virtud pero no sirve para desenmascarar las actuaciones.

Algo pequeño con demasiado poder

Siempre existieron actos similares a “virtue signalling”, todos lo hacemos, nadie está exceptuado. Casi siempre son acciones inocentes. Pero cuando una táctica como esa dispone de repente de potentes capacidades, las cosas cambian de escala y empiezan a intervenir negativamente en la percepción que tenemos de la realidad, de la vida, de la política, de la verdad. Démosle al señalamiento de la virtud de un individuo la habilidad de las redes sociales para expandir algo al instante. Démosle también indicadores sencillos para entender cómo reaccionan los demás de manera que pueda ajustar su opiniones a la de otros en tiempo real. Generemos un sistema de notificaciones permanente que recompense su empatía. Permitámosle que pueda mostrar con mínimas acciones visibles su riqueza moral. Favorezcamos que todo eso se contagie con facilidad y vamos a ver cómo se produce una infección masiva de corrección política, cómo nace un grupo autodesignado moralmente superior que sobreactúa sin pudor sus compromisos, su sensibilidad, su humildad y que se hace pasar por especialmente virtuoso. Un grupo dispuesto a patrullar -en nombre del bien- todas las conversaciones, las declaraciones, los gestos, los mensajes, los tuits, los posts con el objetivo de escarmentar a cualquier transgresor y bloquear la legitimidad de todos los que piensan distinto. #NoTeHagas #NTH.

Publicado en el diario La Nación de Argentina

julian gallo

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