Sismos y cambio de régimen.

Los sismos del 85 y el de hace unas semanas han marcado un antes y un después en nuestro país, no sólo por la magnitud de las catástrofes sino por sus repercusiones políticas: como si fuera obra del destino, uno marca el inicio de dos regímenes y el otro su posible fin. El terremoto de 1985 se dio en plena transformación de un régimen con derechos civiles limitados, autoritario y con un Estado interventor en la economía; a uno pluralista, autoritario y neoliberal. A la par, fue el impulso de un proyecto democratizador que instauraría un régimen igualitario en la Ciudad de México.

Mientras que en el país se vivió una incipiente democratización con la alternancia en la presidencia ─pues el autoritarismo ni los fraudes desaparecieron─ y el modelo neoliberal se afianzó, en el Distrito Federal se alcanzó, en menos de 30 años, representación política, un modelo económico con una tendencia igualitaria y la consecución de derechos como el matrimonio igualitario y el aborto. Aunque la salida política, producto del impulso ciudadano tras el sismo, no logró consolidar un régimen nacional antineoliberal, en la Ciudad de México el proyectó triunfó.

32 años después, un nuevo sismo parece marcar el cambio de estos dos regímenes. Por un lado, el proyecto democratizador en la ciudad llegó a su punto más alto con la promulgación de la Constitución que reconoce su autonomía; sin embargo, esta se dio en el peor momento de la capital en años: el sismo sacó a relucir la corrupción y la falta de planeación urbana, y abonó a la creciente inconformidad producto de la inseguridad, las inundaciones y la pobre administración del gobierno actual. No obstante, esta crisis no parece marcar el fin del régimen capitalino sino su renovación: la disputa en 2018 se dará entre dos fuerzas de izquierda que buscarán darle un nuevo rumbo a la Ciudad desde la Jefatura de Gobierno.

Por otro lado, el sismo se dio en una coyuntura nacional marcada por la crisis del régimen: el narcotráfico, la corrupción, la violencia contra periodistas, los feminicidios, el agotamiento del modelo económico y demás calamidades, caracterizan su ocaso. No obstante, fue gracias al sismo que la narrativa política cambió por completo: la austeridad apareció en el centro del debate. Como Gibrán Ramírez comentó en días pasados, antes de la catástrofe las propuestas de austeridad eran catalogadas como populistas o demagógicas; pero después de ésta se volvieron necesarias: para la reconstrucción y atención de damnificados es necesario reorientar el gasto público y que el Estado participe, en mayor o menor medida, en la regulación de la economía.

Ante este nuevo horizonte, las principales fuerzas políticas aparecen en tres bloques: el PRI y los suyos han puesto el acento de la austeridad en la eliminación de plurinacionales ─lo que implica una profundización autoritaria─, y el Frente (PAN-PRD) en la eliminación del financiamiento público a los partidos políticos y en impulsar un aparente parlamentarismo en sustitución del presidencialismo. Ambos bloques plantean ajustar ya sean los componentes autoritarios o pluralistas del régimen, pero no acabar con el neoliberalismo, al que, más bien, buscan “sanar”. Mientras tanto, el bloque lopezobradorista pone el acento en las políticas de austeridad que ha planteado desde siempre y en el cambio total del régimen: transitar hacia a una democracia que se desvincule del modelo neoliberal.

Después del terremoto de 1985 cambiaron muchas cosas. En la Ciudad de México la salida política a la catástrofe derivó en un proyecto igualitario que hoy se ve con la necesidad de renovarse. A nivel nacional, fue parte de la incipiente democratización de un régimen neoliberal que hoy día está frente a un horizonte de transformación parcial o total. Después del sismo del 19-S depende de los ciudadanos y ciudadanas que haya, nuevamente, una salida política que propicie el cambio que tanto necesita nuestra ciudad y nuestro país, pues el desencanto y el camino de la antipolítica sólo terminan por favorecer a quienes están en el poder. El sismo sacudió a México, confío en que termine por tirar a nuestras élites.