El paradigma educativo y otras palabras así de tochas
Seamos realistas: la mayor parte de lo que se aprendemos en el instituto (a excepción de lo que te pueden hacer usar en la universidad) sólo sirve para responder a las preguntas del Trivial. Y eso sin contar las de Espectáculos ni las de Deportes. Dios, cómo odio las preguntas de Espectáculos y Deportes.
Ojo, que en el instituto se enseñan cosas muy, pero que muy chulas. Y a veces no te enseñan, eso también es verdad. Por ejemplo, a mí siempre me ha dado mucho asco la optativa de Informática en la ESO. Vaya, guau, sí, enséñanos a encender el ordenador y a usar el Word (o el OpenOffice, tanto monta), son cosas místicas que NO SABEMOS HACER PESE A HABERNOS CRIADO ENTRE ORDENADORES, TABLETS Y TELÉFONOS INTELIGENTES. Admitámoslo: ya no hay que enseñar a usar un ordenador, hay que enseñar a aprovecharlo.
Sé que me meto donde no me llaman y que quienes deciden qué se enseña en los institutos seguramente saben un montón y luego les toca a los profesores seguirles el rollo. Yo sólo soy un estudiante, pero diría que se ha perdido un poco el sentido de la dirección a la hora de construir una asignatura. Sí, en Matemáticas se enseñan las herramientas matemáticas básicas, pero ¿para qué? ¿De qué me sirve a mí saber Lengua, Biología o Inglés? (La respuesta es “Para muchas cosas”, pero eso ya lo hablaremos en otro momento.)
Lo que quiero decir es que estamos enseñando pensando en el siglo pasado, pero (SPOILER ALERT) ya no estamos en el siglo pasado: no es suficiente con tener los datos, hay que saber usarlos, y esa segunda parte, que es la que no te enseñan es la que le da sentido a tooooodo lo que estás haciendo ahora mismo, te da el porqué de tener que estudiar la mitosis, saber en qué año la palmó Isabel II o qué es un complemento directo, y es que te voy a contar un secreto: esas cosas no te las están enseñando realmente (aunque es muy deseable que te las estudies, ¿eh?). En el instituto, en realidad, sólo te enseñan una cosa: te enseñan a aprender.
Así que más te vale estar ojo avizor.