Decepciones y miedos infantiles

Cosas de otros tiempos

1

Siempre nos decía el abuelo:

Una vez el gato se comió un ratón en la cocina y dejó un rastro de sangre. El Jose me dijo: hoy encontré un par de zapatos de juguete, vamos a ponerlos al lado y esperar a que alguien encuentre la escena.

Esperamos un buen rato y luego nos fuimos a otra cosa. Años después se publicó el increíble hombre menguante. Recordamos qué cuando la señora de la limpieza encontró la escena creyó que el gato se había comido una personita. Mi mamá la calmó y le dijo, “No Virginia, no. Mira, son zapatos de juguete”. Y mi madre le contó esto a una amiga en la peluquería, el hijo de la peluquera contó a sus amigos de escuela la versión de la señora, es decir: que un pequeño hombre fue devorado por un gato. Con el tiempo esa historia dio vueltas y he aquí que alguien se inspira en eso para escribir el increíble hombre menguante.

Por eso, pequeños míos, haced siempre todas las travesuras que quieras. Siempre traen un buen resultado.

Nosotros pensábamos que, por esa participación, él era de algún modo famoso. Cuando supimos que no era posible, encontré con felicidad que mi abuelo era un buen inventor de historias, pero también que su vida no tenía algo tan meritorio como el haber inspirado una película.

2

-Me encantaban los fuegos artificiales pixelados que vemos cuando apretamos muy fuerte con los dedos sobre nuestros ojos cerrados. Pero tenía miedo de que un día apretara muy fuerte y me quedara viendo así para siempre.

-Yo tenía miedo de que si, al cerrar los ojos para dormir, me imaginaba que estaba alejándome de la tierra y me dormía así, seguiría yéndome para siempre y no despertaría jamás.

3

Cuando era chico, dije en broma a mi profesora que yo era chileno y la profesora me creyó y se lo dijo a la clase. Mis compañeros me preguntaban cosas sobre Chile y yo inventaba algo en medio de la fantasía futurística, las costumbres indígenas y las aventuras medievales y de vaqueros. Comencé a enseñarles “chileno” a mis compañeros. Les inventaba palabras y ellos me creían, y me saludaban con mi idioma inventado.

Yo llegué a creer tanto esta mentira que un día tuve que preguntarle a mi papá si yo era chileno. Me decepcionó mucho saber que no.

4

Una vez, de caprichoso, no quise acompañar a mis padres al almacén porque quería ver mi serie favorita. Ellos decidieron salir sin mí y me dejaron por primera vez solo en mi casa. Serían diez minutos, pero duraron una eternidad. Terminé apagando todas las luces y la tele y esperé a que vuelvan escondido bajo la mesa. Cuando llegaron me senté en el sofá antes de que me vean escondido. Al verme, me preguntaron por qué estaba con la tele apagada. Les dije que me pareció aburrida.

5

Mi padre me dijo que el loco del barrio era un ex profesor de matemáticas que había perdido la razón resolviendo un problema muy complejo. “Era tan genio que se le quemó el cerebro”, me dijo. Desde entonces ansío y temo que me pase eso alguna vez.

Like what you read? Give Riccardo Castellani a round of applause.

From a quick cheer to a standing ovation, clap to show how much you enjoyed this story.