Dos canciones de cuna

Traducidas de idiomas que no conozco

1

Vecina al mar, ella miraba las lejanas olas imaginando las escamas de una bestia.

Sus ojos, a fuerza de estirarse hacia el horizonte, se volvieron cielo y distancia.

“¿Qué quieres de mí? ¿Piensas robarme todas las lágrimas?”, le dijo ofendido el rumor de la rivera.

“Perdón”, contestó ella, “Déjame nutrir a los hijos de tus ondas y recobrarás cada gota que te haya arrebatado”.

Y, lentamente, caminó hacia las escamas de la bestia.

2

Los hijos de la noche nos mataron.

Vestidos de luna, bajaron entre los vidrios que pueblan el cielo, dejando su piel en los filos blancos de la obscuridad.

Llegaron con un grito de guerra tan agónico que parecía un lamento, el más triste que hayamos escuchado.

Sentimos pena y les ofrecimos todo. Cuando hubieron acabado los frutos de nuestros campos, les ofrecimos nuestras vidas, ya que nada nos quedaba por regalarles.

Y ellos las tomaron en medio de danzas.

La música fue nuestros huesos al romperse, los cráneos abiertos sobre yunques, los gritos de dolor y el crepitar de las llamas, agitadas por nuestros cuerpos atados en estacas.

¡Qué música esa! Debió escucharse en todos los sueños del mundo.

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