El buzón de quejas de Dios

Fragmentos de cartas suicidas

-Perdón, no sabía la forma adecuada de decirlo, así que no dije nada. No quería equivocarme, no quería que cada acto termine en ruina y desolación. Pero heme aquí. Aquí me encuentro. Pongo en mis manos las monedas para el barquero y aprieto fuerte la mano.

-No podía esperar otra respuesta.

-13, 47, 998–16.

-Todavía me acuerdo cuando dijo “Lo aposté todo a Pimpollo Carmesí en la novena. Ahora me faltan nueve milímetros de pimpollo para poner carmesí mi todo”.

-Ahora suena en mi cabeza la vieja canción: “Oh, mi amor, si por la luna nos fuéramos a nadar como peces. Tan rojos, tan rojos en la obscuridad. Como peces rojos en las aguas negras de la luna”.

-Nunca fuiste la misma desde qué te leyeron tu destino. Decime, ¿esto está en tu destino?

-Los pájaros no me dejan en paz.

-No puedo probarlo, porque es un secreto y así permanecerá, pero esto no es lo que parece.

-Los ángeles, ya los oigo cantar a mi alrededor.

-Arde el fósforo, arde.

-Arde la ciudad.

-Jo, jo, jo.

(Silencio)

-A veces salía a cantar y sentía que el público estaba formado por robots gigantes. Sabía que, si no les gustaba lo que veían, me dispararían con sus rayos laser.

-Los infiernos abstractos son los más terribles.

-La vida es un bosque poblado de ojos que miran.

-La señora negra de ojos verdes es una hechicera.

-Menudo tumbo el Hombre-ojo se había dado.

-Oh, no seas mala, tengo tanta leche que si no me la sacas me explotará.

-Tengo miedo de tener que aprender una secuencia que deba decir en algún momento y que cuando me la pregunten, aún la sabría de memoria, pero no podría decirla del miedo que me provocaría equivocarme en un momento tan importante. Me imagino el trauma de aprender las invocaciones a los dioses si hubiera nacido en el antiguo Egipto.

-Toda la noche estuvo despierta y gritando. Creímos que la había poseído un espíritu o que era un caso de violencia familiar. Llamamos a la policía porque no soportábamos tanto ruido y la policía vino. Así nos enteramos que tenían a la hija adicta tratando de desintoxicarse de la heroína. Todos vimos el estado deplorable en el que estaban. Y nos dijeron: eso es lo que te causan las drogas. Me obsesionó primero el pensamiento de por qué alguien consumiría algo que le cause tanto daño. ¿Era tan genial la experiencia que no te importaba el estado en el que te dejaba o es que sólo el cerebro se atrofiaba y ya no entendía nada salvo la necesidad de más?

-Es como si mis pensamientos fueran de vidrio y me rasgaran el cerebro.

(Silencio)

-Oh, que lejos de la vida nos dejan todos los puertos.

-Es triste despedirse de un cadáver que lleva muerto mucho. El olor y la hinchazón grotesca arruinan toda posible ceremonia.

-Las estrellas son ojos ciegos, pero ven.

-Todos los rostros se derriten. Todas las cosas son rostros que se derriten.

-La muerte, más que una herida, es un punto de sutura. Una a una, las muertes van cerrando la herida del tiempo.

-Rondamos alrededor de los mismos muertos.

(Silencio)

-Hay belleza en los animales atropellados. Siempre los fotografío. Me encantan las tripas y huesos. La variedad de formas que de esconden en el interior.

-Las ciudades son como jardines de una Gorgona vanguardista.

-Nunca se siente tanto la herida del tiempo como cuando estás viendo a una viejita alejarse.

-La verdadera tragedia no es que no podemos volver a la infancia, sino que debemos volver a la infancia.

-¿Cuándo sentís de verdad el tiempo?

-En las esperas.

-El tiempo es denso en las salas de espera en los hospitales.

-Estar en un bus es como estar en un hospital. Como estar internado en el hospital esperando que sea el turno de la enfermera. Hay otros enfermos en tu cuarto, pero están peor que vos, así que no les hablas. Capaz no quieran que les molestes. Estar en un bus es como estar en un hospital. Los buses de larga distancia son lo peor. Los aviones son hospitales de lujo. Pero la sensación de que vas a morir es la misma. Son cuotas del purgatorio pagadas en vida.

(Silencio)

-Las cosas se ponen autorreferenciales si continúan por mucho tiempo. Es como los grupos de amigos, a medida que pasan los años, más crípticos son sus chistes para los demás. Toda la conversación es autorreferencial. Imaginen los matrimonios. Ufa. Y los autores de cine y tv. ¿Qué es el mundo sino una gran broma interna? La única diferencia es que nadie que esté vivo la entiende.

-Pobre lobo blanco, detenido en la pared.

-Las palmeras tienen la forma de erupciones solares.

-Ahí está Smith, con camisa a rayas y la barba recién afeitada. Va a su trabajo con rostro de paz. En los auriculares suenan cantos satánicos.

-Los escritores que mueren se convierten en lenguaje puro; los cantantes en pura canción. Pero, ¿en qué nos convertiremos nosotros?

-En Cuentas Bancarias y cheques por cobrar.

-Me parecía lógico imaginar que, si las células eran seres vivos, tenían personalidad y rutina diaria en nuestro cuerpo. Su propia escuela y su propia forma de arte. Imaginaba que cuando yo enfermaba sufrían carestías. Me sentía responsable.

-Imagino a un hombre con una gran máscara de pájaro hecha con heno. Y si mirás de cerca, en el heno hay infinitos ojos de papel recortados.

-Pude sentirlo bajo la piel. Sus garras hermosas y aterradoras se hundían. La carne se abría paso como dándole permiso, saludándolas con reverencia.

-Ahora tiene ochenta y sueña que en algún viejo taller mecánico esté el poster de la revista porno para la que ella posó cuando tenía 17.

(Silencio)

-Coleccionaba guantes. Si pudiera, coleccionaría manos.

-El cielo está sostenido por los huesos de los muertos.

-Cuando imaginas naves espaciales, en verdad quieres penes del espacio.

(Silencio)

-Estoy llorando y mis lágrimas lloran. Cuanta alegría siento ahora. No puedo soportarlo. NO PUEDO SOPORTARLO.

-Se me estiran los ojos y me sangra la boca. Yo nunca quise hacerlo, pero ahora es tarde.

-¿Quién es un niño bueno?

-Escapo como el vómito escapa de la boca rumbo al inodoro en su búsqueda por el mar. Este es apenas el primer paso. Sólo siento amor.

-Todo acto es cínico, así que me voy con cinismo. Por favor, cuando la prensa tome la foto, asegúrense de que se note mi erección.

-De verdad me gustaba el (murmullo ininteligible).

-Sangro. Escribo esto con mi sangre. No sé en qué momento va a acabarse. «Qué forma poética de decir “Te amo”, ¡con su sangre!», dirán en las revistas de vanidades. Pero vos sos muy honesta y vas a sentir asco. Pero te amo.

-Hola, Jikaki. Hace tiempo no nos vemos. ¿Te acordás del chico que corría por el parque con tijeras en las manos? Sí, soy yo. Pronto vamos a vernos. La gente aquí es mala y sólo provocan penas. Tenme preparada una cucha para quedarme en tu casa unos días. Y dile a Bob que lo siento, no podré estar en su cumpleaños.

-Miro la ventana y veo una gota de lluvia resbalando en el vidrio. Interpreta el papel de la sangre de César en el puñal del Bruto. Un papel muy apreciado en el teatro de la lluvia, uno de los personajes trágicos por excelencia, al igual que Lágrimas de Julieta. Su versión es virtuosa y de diría que iconoclasta en su sensualidad, pero si miramos bien, hay un profundo respeto a los clásicos en su forma jugar con bifurcaciones y curvas.

-Hubieran buscado alguien mejor a quién amar. Sabían que yo los decepcionaría.

-Me escapo por las nubes como en los cuentos. Tal vez me encuentre con abuela, le diré que le mandan saludos. ¡Pero qué digo! ¡Cuando esté en el cielo los veré siempre, pueden hablarme cuando sea! Besos.

-No más palabras. Sólo un gesto. Adiós.

(Se despide saludando con la mano. Los demás actores buscan a las personas y se despiden de cada espectador diciendo “Gracias por venir” y acompañándolo a la salida)

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