El monstruo lógico que mató al científico

Carta de suicida

Estaba trabajando en unas ecuaciones de campo. Rutina. Cosa aburrida. Sí, pero te permite desconectarte. Alguien tenía que hacerlas, entonces me ofrecí. Básicamente ordenaba secuencias e introducía los cálculos en el ordenador. La fuerza bruta se distribuía en un cuarto de circuitos integrados y volvían las respuestas que debían organizarse con otros cálculos y luego volverse a introducir. Si estuviéramos entre ingenieros les estaria diciendo, "Bueno, no podíamos contratar a otro albañil, así que me puse a levantar paredes. De paso hice algo de ejercicio".

Como sea, estaba en este estado casi zen, calculando de oído, sin prestar atención a nada en concreto, cuando de pronto lo veo. En todo ese embrollo matemático hay un monstruo: un monstruo lógico.

Bueno, no lo vi por completo. Pero vi indicios de él. Es como si fuera un biólogo que encuentra en el barro huellas de un pájaro extinto, pero no puede asegurarlo si no encuentra el pájaro completo, o al menos una pluma con la que datar su pertenencia y edad.

Y ya saben lo que se dice en el laboratorio "Cállate y calcula". Nadie iba a darme una respuesta porque en el fondo nadie sabía qué estábamos buscando. Así que como quien no quiere la cosa fui metiendo mis narices en el trabajo de otros compañeros, recolectando plumas, excrementos y nidos de este monstruo, sin terminar de vislumbrarlo.

Pero hoy encontré la prueba definitiva, amigos. Todo es tan terrible. No sé vivir después de esto. Estoy seguro que si lo supieran tomarían la misma decisión que yo. No en cuanto el cianuro, alguno de ustedes preferirá ahorcarse, los más edípicos se pegaran un tiro y apostaría que Marí se cortará las venas, pero todos se suicidarían. Así que sólo me resta decirles, oh, mis amigos, "callad y calculad".

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