Tóxica y adictiva

Ya no vamos a hablar de amor, solo vamos a decir lo que nos queda por decir, porque no he dejado de brindar por mí y por todas mis heridas, porque yo era poesía y tú eras un gilipollas.

Porque las miradas no mienten, no son como las palabras, por eso queda de más en tú mente darme la cara. Entendí tú respuesta, a pesar de que no pedí nada, solo un poco de sinceridad, un trato a la altura del mío, vaya. Y recibí silencio, la mejor mentira, y la peor decepción, anota esto que decepcionar a una persona que no espera nada de nadie es casi imposible, sin embargo lo lograste.

De todas maneras entendí tú respuesta “no me importas” aunque me lo vengas a negar, y me digas lo contrario con tú mirada, ¿qué hago con tus acciones?

Y sentí en ese entonces que no era el momento para hablar, y para tí nunca lo va a ser. Yo nunca puedo no hablar, y no decir lo que tengo adentro, ¿sabes? Aunque no sé ni qué tengo adentro, ¿comprendes? Pero lo digo, aunque no me entiendan, con que yo lo haga, está bien.

Y aunque me jures nunca jamás volver, no te voy a creer, ni tú tampoco, siendo sinceros. Y debemos de aprender a ser felices, no por alguien, ni por algo, quizás con alguien, pero sin necesitarlo, debemos de ser felices porque es lo que nos merecemos.

Es un desastre pero la quieres, y rompe tú vida, pero la une al mismo tiempo, porque el ruido de un corazón roto es espantoso.

Así que coge algo de ropa, mucha fuerza y un vino, que vamos a salir de esta.

Que conste este pasaje está escrito para leerse en singular, si lo piensas en plural mi amor, ¿será que estás pero bien enamorado?