Fotos
Son dos fotografías antiguas, como me gustan a mí. En la primera hay una niña sentada en las piernas de una señora con más años que ella. Ambas están mirando a la cámara, o a quien tenga las polaroid en las manos. La mayor viste un vestido floreado y tiene hasta el último botón abrochado. El cuello con pequeños volados. Su cabello está a la moda de cuando tomaron la instantánea, no podría dilucidar con exactitud a qué año pertenece, porque no tengo la información necesaria, pero sí noto que es bastante vieja. La otra, la joven sentada en las piernas, tiene un vestido que parece amarillo, medias blancas hasta las rodillas y unos zapatitos negros que, creo, se los conoce como guillerminas. Ninguna de ellas sonríe, la más grande tiene una mirada que parece triste, en los ojos de la pequeña aún se nota la esperanza inocente de la niñez. También hay un leve rubor en sus mejillas, indicio que me da a pensar que estuvo corriendo o jugando algo que demandó esfuerzo físico.
La segunda fotografía es en blanco y negro y pertenece, en la línea temporal, a unos años previos a la primera. La niña de antes es, en esta, una bebé. Está siendo ayudada por la misma señora que la tenía en sus piernas. Existen en una piscina pequeña. La mayor sostiene a la beba de sus axilas y le hunde medio cuerpo en el agua. Aunque la fotografía es antigua, resalta por su calidad y definición. Los rasgos faciales son mejores. Están sonriendo. Una muestra una sonrisita sin dientes y la otra, feliz, tiene la boca abierta como si estuviese diciendo la letra A de alegría. Las sombras del blanco y negro definen unas onditas que se formaron a los costados de la cintura desnuda de la criatura. Ambas, sin embargo, son desconocidas para mí.