El camino entre dos puntos rara vez es la línea recta. Para recorrer este camino, R. tendrá que cruzar tierra, mar y aire — tal vez no en este orden — . Este relato podría contener alguna imprecisión; la transcripción de una narración oral al lenguaje escrito no siempre es del todo fiable.

Aunque ha nacido, crecido y vivido en Siria, por ser hijo de palestino tiene pasaporte de refugiado palestino en su propio país. Ante el huracán que lo devora todo, R. decidirá cruzar la frontera con el Líbano y tomará un avión en Beirut para llegar a la ciudad de El Cairo. Desde Egipto se embarcará rumbo a Turquía. Allí llegan muchos otros sirios, que deambulan por las calles durante días esperando el momento adecuado para tratar con la mafia.

El momento llegará y la mafia, en todo momento honesta en sus tiempos y procederes según palabras del propio R., conseguirá que vaya por mar desde Turquía hasta Grecia. Para esta maniobra, R. arriesgará su vida con un cambio de barco en alta mar. No querrá recordar cómo eran esos barcos cuando se le pidan detalles.

Se diluirá el tiempo de forma imprecisa. Transcurrirán varios días en un hotel en cualquier parte hasta que podrá por fin proseguir su viaje. Desde Grecia, la mafia habrá organizado el paso a Italia de un grupo de personas en coche, atravesando la frontera. Un policía italiano los interrogará tras pedirles la documentación. Declararán que van a Francia. El italiano les indicará que su táctica para cruzar es errónea: sería preferible que se separasen en más coches, llamando menos la atención. Se dispersarán y conseguirán llegar a tierras francesas.

Cerca del Canal de la Mancha, la mafia explicará a R. cómo se viaja en camión de polizonte. A él y a sus compañeros de travesía les darán una botella grande de plástico vacía. La botella es para orinar, aclaran. Es importante que no manchen la mercancía del camión. Todo el mundo sale beneficiado, subrayan. Vosotros llegáis a vuestro destino y el camionero no tendrá cajas meadas. R. se esconderá por la noche entre la mercancía del camión y tras muchas horas llegará a suelo británico. Allí será descubierto por el conductor, que montará en cólera. Tras comprobar que sus cajas están limpias y secas, lo dejará correr y no lo denunciará.

R. llegará a Londres. Doblemente refugiado, sentirá por primera vez que, dado lo absurdo de los tiempos, ser palestino tal vez resulte de alguna utilidad.