El Joven que murió en el tren

Su silencio llegaba a ser perturbador. Todos los días me encontraba en el tren, a un chico que me generaba un poco de escalofríos, siempre llevaba una bufanda que le cubría la boca, una gabardina negra y unos zapatos de vestir, era alto y delgado, en sus manos traía un libro diferente cada día, no miraba a nadie, no hablaba con nadie, nunca se movía de su puesto, pensé que tal vez mi estación quedaba más cerca que la de él, sin embargo, lo encontraba también al regresar a casa, era como si siempre estuviese allí.
Llegué a pensar que era parte de mi imaginación, quería hablarle, pero no me animaba, me intrigaba pero al mismo tiempo me perturbaba visualmente, era incómodo, incluso aquellos días en donde abordaba otro vagón me lo encontraba, necesitaba acercarme, saber quién era, mi paranoia me estaba consumiendo.
Un día tomé las riendas del asunto, agarré el primer libro que encontré en mi habitación, abordé el tren y me senté a su lado mientras pretendía leer para llamar su atención, sin embargo, no funciono, fue un intento fallido, tal vez solo necesitaba ser directa y hablarle, así que puse mi mejor sonrisa y dije “Hola”, no me miró, sus ojos no se despegaban del libro, no sabía qué expresión facial tenía puesto que no podía ver su boca, parecía ido, como en otra dimensión, realicé un tercer intento pero este también fue en vano “Te he visto todos los días, desde hace al menos un mes”, él ni cuenta se daba de mi presencia.
Decidí rendirme y comencé a leer — “El joven que murió en un tren” — ¿Qué? me pregunté para mis adentros, no recordaba haber comprando ese libro, seguí leyendo — “Un 4 de septiembre, a las 8 de la mañana, el mismo joven de cabello oscuro y gabardina que nunca descubría su boca, abordó el tren con destino a Chicago downtown” — Fue entonces cuando me percaté que el destino de este tren, era el mismo que el del libro, mi curiosidad se encendió — “Intenté hablarle, pero él nunca se percató de mi existencia, no era la primera vez que lo hacía, había visto a un par de personas intrigadas, pero siempre se rendían, él nunca se quitó la bufanda, no miraba a nadie, no se bajaba en ningún lado, hasta que un día, en el trágico accidente del 24 de marzo del 2014, murió, pensé que yo era una de las sobrevivientes, sin embargo, mi alma fue atrapada y de alguna manera estoy buscando la forma para salir de aquí” — Cerré el libro, estaba pálida, sudando frío, miré hacia un lado y allí estaba él, mirándome fijamente con sus ojos rojos y llenos de sangre, sin la bufanda, con su mandíbula partida, sus labios destrozados, piel que colgaba pero permitían contemplar una leve sonrisa.
En ese momento recordé aquél día, intenté hablarle, comencé a leer y me pasé de la estación en la que debía bajarme y el tren en donde iba tuvo un accidente antes de llegar a su destino.
