Por el Caos y el Amor

De todo lo que puedes leer, siempre comienzas por el amor


Es cierto que el amor es independiente, que no es compartir daño ni violencia, que no es mentira ni cobardía, que no es egoísmo, sátira o ironía. Sin embargo, el amor también es dolor, es acomodar, es desmontar y recolocar, es ordenar, es acomodar, es confrontar y enfrentar, es pedir y también dar. Por que todo en la vida es amor, amor por otros, amor por uno mismo, amor por las cosas o amor por amor, de ahí se convierte, transforma, pervierte, contamina.

¿Cómo hacer para que el amor se quede? ¿Es acaso que sólo viene cuando no le esperas? Como dicen todos allá afuera ó ¿Será que es caprichoso y sólo se allega de aquellos quienes le toleran?

El camino del amor, de estar enamorado, de amar, de soltar, de perdonar, de crecer, de madurar, de cambiar, de volverse a enamorar; es un camino largo, difícil, complicado, largo y extenuante, sin embargo lleno de cambios, aprendizajes, miradas hacía uno mismo, hacia los otros y hacia Dios (Me parece pertinente aclarar que me refiero a él en cualquiera de sus vertientes, yo pienso en Dios y en la Diosa, como uno sólo y en el Caos como manifestación… pero cada quien sabe a quién me refiero).

¿Cómo sabes cuando amas? Porque cambias, y eso lo notas tu. No se trata de cambiar y que los demás lo noten, porque quizá estamos haciendo algo mal; pues la primera persona que nota el cambio, eres tu misma. Saber cuándo estás enamorado no es difícil, te emocionas, aumenta tu latido cardiaco, sudas, te pones nervioso, traes en la mente un pensamiento recurrente de la persona en cuestión, te sonrojas, y te sientes contento y ¡claro! Todo eso es por nuestras amigas las hormonas, entre oxitosina y la vasopresina, y la energía de la adrenalina y demás cosas… ¿Cómo no sentir el enamoramiento? Pero después de eso, lo realmente complicado es entender y descubrir el AMOR.

Lo/la amas, será/s fiel, podrías no mentir, y si ya lo hiciste… qué pasará, le dirás, te quedarías, te vas, cómo sabes si es la persona indicada, quién lo dice, quién lo sabe. Los padres (con su matrimonio y su historial amoroso -que muchas veces no sabemos, pero con la última muestra nos vasta para hacer un cálculo-), los amigos (ajá, de tu edad y tienen “más experiencia”), los otros adultos (ok, no diré nada más… podrían intuir el comentario que sigue). No, no creo que alguien más allá de nosotros tenga las respuestas a eso; pero justamente ahí está el problema.