12 días…


Lamento ser tan básico a veces. No por ustedes, sino por mí, por supuesto. Porque de ser un tipo más “intelectual” o algo así, probablemente mis últimas dos semanas hubieran sido más faciles, evitando que me haya sentido (y me sienta un poco, porque no engaño a nadie diciendo que se me pasó) con el corazón roto. ¿Puedo hacer un análisis crítico de desde lo táctico/técnico? Seguro. ¿Me interesa? No, para nada, ahora no tengo la mínima intención de hacer saber mi opinión sobre el mundial (para el que no sabía de que estabamos hablando). Por lo menos no ahora, por un buen tiempo prefiero guardar silencio en ese aspecto.

Si bien es inevitable la tristeza, trato de escuchar ciertos consejos que me invitan a apreciar lo logrado. Y vienen de lados que respeto, por lo tanto intento hacer caso.

“Lo que sea que tengamos mañana, lo tenemos hoy”. No es “bella” la frase en sí, pero el significado que trae para mí es importante, con muchas cosas de la vida, por lo tanto también puede funcionar con esto. Lo que trato de hacerme entender, con esta idea que escribí en una servilleta hace no tanto en un bar con amigos, es que tenemos que matar el “Qué hubiera pasado si?”. Si vamos a reaccionar activamente y nos sirve, sí, que esté. Si vamos a lamentarnos y torturarnos con esa pregunta, no, no nos sirve para nada.

Y no me vengan con la estupidez de la mediocridad. La mediocridad existe cuando uno esta transitando el camino hacia la grandeza, se trunca por culpa de uno mismo, y aún así se esta satisfecho. Estar feliz por lo que como termino el mundial, está muy lejos de la mediocridad.

Mañana puede estar la final ganada, o no, no lo sé, pero lo que tengo hoy son los penales contra Holanda, el abrazo con mi viejo, los gritos de la gente en la calle, la felicidad de todos (o la mayoría) y que el mundial haya durado todo el mundial.

Y si pienso (mejor de lo que pensé anteriormente) en ese momento, corrijo mi frase inicial, no lamento lo básico que soy. Ya que bien dice Sacheri “a fuerza de vivir y de sufrir los seres humanos terminan por intuir que es imposible hallar un camino sensato a la felicidad, y que si ella aparece es por un capricho tan inconmesurable, por un accidente tan impredecible que lo único que le cabe al ser humano es rendirse y orar para que dure más de treinta segundos”.

Y por suerte esa felicidad duró bastante, mucho más de lo que estamos acostumbrados los que nacimos después del 90. Y sé que más allá de que la tristeza estuvo, está, y un tiempo más seguira estando, estoy satisfecho por empezar a entender “lo que tengo hoy” en vez de “lo que sea que tenga mañana” que a fin de cuentas, todavía no existe.

Nota del autor: La nota es de julio del 2014, estaré subiendo notas que solían estar en mi blog.