Coke Men

En el comienzo del viaje pensó en como iba a entrar por esa puerta. En la gente observando, en el silencio, en la expectativa, en la ansiedad propia y ajena.
A medida que ese viaje avanzó, muchas cosas se decidieron. El punto es que en ese mismo viaje, hubo cambios, que iban más allá de lo pensado, de lo planeado.
Quiebres, confesiones, y de repente, algo triste y aterrador.
Ahí el gran cambio, el volver al único refugio que solía tener sentido, y podía arreglar cualquier problema.
No fue tal como lo planeado, la expectativa no combinaba con la realidad, y de hecho, la compañera de viaje de retiro llegó a dar un paso al costado.
Y en ese viaje, en la mezcla de nostalgia y melancolía, en el verse reflejado en lo ajeno y en problemas que tenían todo y nada que ver, se ve que aparecío una respuesta.
Sonrío.
Volvío a ese edificio.
De golpe, sin frenar. Misma chomba, sucia, con esos pantalones que acompañaban ese pobre estado. Si todas las personas en el edificio no hubieran conocido a ese hombre, seguridad lo hubiera llevado y no hubiese dejado que pase más de dos metros luego de la puerta.
Pero no era el caso.
Luego de la puerta, el ascensor, y luego muchas puertas más. El resto de empleados, juniors y seniors, anonadados por lo que veían, no lo podían creer. Había pasado demasiado tiempo.
Llegó al piso más alto.
Caminó por ese corredor, y manteniendo ese esbozo de sonrisa logrado en la meditación. La última secretaria por pasar, sorprendida, aún así intentó frenarlo:
- Señor, puedo ayudarlo? El señor Hobart está ocupado.
Él entró de cualquier forma.
Jim estaba reunido con Ferg, pero ver a esa persona cruzando la puerta, generó una sorpresa que venció la molestia por la interrupción de la reunión.
Hubo un silencio.
El hombre que entró, entregó a Jim un manuscrito poco legible, conservando la sonrisa, por supuesto.
Hobart todavía sorprendido, al recibir el papel, luego de vencer el estado de shock, lo lee. Avanza en la lectura y comienza a sonreír también.
Piensa para sí mismo “valío la pena, todo esto, lo valío”.
Lo único que exterioriza es asentir con la cabeza.
Él hombre mantiene la sonrisa y se va.

Eso es lo que nos faltó, bah, a algunos, igual creo que todos lo entendimos. Por lo pronto, para mí eso existió y no hubo necesidad de la aclaración.
Si, la serie tiene algo con la nostalgia, con la melacolía.
Con lo que queremos ser, con lo que creemos ser, y con lo que odiaríamos ser.
La perfección o no del final, es relativa. Hay cosas que cambiaría, por supuesto, pero el nivel de profundidad logrado, es único. Mad Men y su final tuvo una cosa: Perfecta armonía.

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