Así sería mi sensual cita con mi stoker particular *

Por Ignacio Laclériga. GECCA

FOTO: EMMELIESTAPS

Querida Alejandra: me siento muy orgulloso de tener una acosadora viral tan empeñada y enardecida como tú. Desde hace tiempo veo que sigues con impaciencia todas mis publicaciones. Siempre les dedicas un comentario largo, trabajado, concienzudo y completo. Dejemos de lado tu ortografía y gramática, eso son nimiedades, lo que importa es el fondo, el contenido profundo de tus reflexiones.

Oh! Alejandra no sabes la angustia que me produce cuando veo que aún no has respondido a una de mis columnas y qué satisfacción me produce ver tu insulto, tu desprecio prolijo en calificativos.

Alejandra, ser acosado por ti me hace sentirme como Britney Spears en su época dorada, como Ariana Grande tocada por Justin Bieber. Ese odio visceral, esa inquina tremenda hacia mi persona no puede deberse solo a mi procedencia española, ni a mi crítica hacia el conservadurismo guatemalteco. Tiene que haber algo más. Un no sé qué, un qué sé yo. Debe de ser… Quizás amor. ¿Será? No me atrevo a pensarlo. Sería tan bonito. Aún yo, siendo homosexual, creo que también he empezado a amarte.

Te imagino, con ese nombre. Alejandra. Y esa inteligencia preclara. No puedes ser fea. Una lucidez tan inusual tiene que ir unida a una belleza superior. Se denota en ti dulzura extrema. Alejandra, tu nombre implica grandeza. Gutiérrez, tu apellido, no me deja la menor duda de que tendrás talento para las inversiones múltiples. Te dibujo rubia, esbelta, como esas mujeres arias que si le hubieran dejado al bueno de Ubico, ahora estarían poblando nuestras tierras.

Querida mía. Estoy seguro que si nos conociéramos terminaríamos arreglando esas diferencias que solo esconden una pasión irrefrenable. Me invitarías a tu apartamento en la zona 14, un bonito loft con vistas al aeropuerto. No sé cómo puede ser bonito para los ricos ver aterrizar y despegar aviones todo el santo día y aun así pagar tanto por esas minipiezas de lujo.

Me seducirías con una romántica cena de velas. Pondrías música. Marimba no, eso nunca. Solo para ceremonias y eventos de caridad de la alta sociedad. Tú pondrías boleros de Lucho Gatica o jazz con Diana Krall, de esas canciones eclécticas y bohemias que escuchas en Libertópolis. Para empezar, un Apple Dry Martini para abrir el apetito de una forma diferente y sugestiva. Se me nubla la visión con solo pensar en cómo te sonrojarías tímidamente al verme juguetear la aceituna con mi lengua antes de comerla.

Después, ostras. No podría ser de otra manera en una joven tan exquisita y delicada como tú. Esas ostras grandes, todavía en su concha, que sienten un febril estremecimiento de vida cuando reciben unas gotas de limón, y que se deslizan con suavidad hasta llegar a la boca. Todo regado con cava, ni vino ni champán, porque intuyo que odias por igual a españoles y a franceses, y como te han dicho que el cava es catalán, que por ahora no es país, y que tienen una ciudad que te encanta como Barcelona, pues entonces eso.

Rapidito al postre, te fascina lo dulce. Como buena dama que se respete, te gusta mantener el contacto con la tierra que tanto te dio, con ese espíritu de finca de antes, así que tienes tu pequeño terreno, yendo para Escuintla, y decidiste plantar papayas. Me das una de ellas, pequeñita, sonrosada, pero suave y deliciosa. Para terminar, por si me he quedado con hambre, me ofreces uno de los higos dulces que tu adorada mamá te ha traído de La Antigua. Por supuesto que me lo como, con gran placer.

Con tan suculenta cena, sería imposible que ningún hombre no cayera a tus pies, por muy gay que sea. Sin duda, te pediría que te casaras conmigo. Tú aceptarías, porque me adoras, pícara. Así podría llegar a ser por fin guatemalteco y te sentirías satisfecha de haberme convertido en un patriotero republicano, conservador neoliberal, lo cual profesas entusiastamente.

Uniríamos con gran alegría, nueva sangre de la madre patria a tu estirpe familiar, para beneplácito de tus parientes y amigos. Tendríamos un hijo y le llamaríamos Alejandro Magno, en honor a ti. Mantendríamos tu apellido, que ahora se puede, porque con Laclériga aquí no se va a ningún lado. Con ese nombre, Alejandro Magno Gutiérrez, ese niño será el futuro esperanzador, un líder, un presidente, quién sabe si un emperador. Llevaría a Guatemala hacia el infinito y más allá.

Pena que yo ya tenga pareja y que tú posiblemente no te llames Alejandra Gutiérrez, como en los programas de MTV de perfiles falsos. No obstante, fue bueno imaginar por un momento.

*Transcripción sonora de la palabra stalker: acosador.

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Originally published at nomada.gt.

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