Y tú ¿Quién eres?
Un “Das man” o un “Eigentlichtkeit”.
La muerte es una vida vivida. La vida es una muerte que viene. Jorge Luis Borges
Por Martin August. GECCA
Hablando en general, la actitud demostrada ante los eventos ocurridos la semana pasada en Paris por parte de los que nos llamamos chapines, fue impersonal e indiferente. Por ello me atrevo a profanar el pensamiento heideggeriano, destazándolo a la luz de las circunstancias que nos toca vivir.
Una de las ideas principales desarrolladas por Heidegger, es la de que “somos seres para la muerte”. ¿Qué significa esto? Lo simplificaremos al máximo. Nos comunica lo único de lo que podemos estar seguros.

Somos seres finitos y vamos a morir. No es una idea inventada por Heidegger, ya que fue desarrollada por diferentes filósofos del existencialismo. Lo que sí es original en él es la manera de enfrentarse a esta indiscutible realidad. Él nos dice que existen dos maneras o actitudes que podemos adoptar. La primera es el “Das man” o inauténtico, asocial, desconectado. La segunda actitud es el “Eigentlichtkeit” que podríamos decir que es el que vive con autenticidad su existencia, de manera social y ligado a cada una de las demás existencias.
Cuando nacemos “somos arrojados a Das man” o sea que venimos desconectados del entorno y de la comprensión de nuestra finitud. Naturalmente, poco a poco, nos conectamos primero a nuestra madre, después a nuestro entorno familiar y luego, a nuestro entorno social. Este último lo limitamos a lo que nos atañe directa y personalmente. Mientras no vivamos nuestra existencia de manera consciente y no reconozcamos nuestra finitud, nuestra conexión social no es auténtica. Por ello, cuando ocurren sucesos como en el país galo, lo sentimos lejano, ajeno y decimos “Se murieron doce personas en Paris”. Y no es apartado por la distancia. Las comunicaciones están globalizadas y nos acercan casi de inmediato con la basta realidad de nuestro mundo. La lejanía y la indiferencia se manifiesta en el tratamiento lingüístico del “se”. Por lo que el chapín común dice “se muere mucha gente en Guatemala”, “se asesinan choferes a diario en nuestro país”, “Por la corrupción se roba y desfalca al pueblo”, “se mueren muchos niños por desnutrición”, etc… Podríamos seguir agregando estas frases sin sentido. Del diente al labio sin sentirlo de verdad.
Esta actitud de indiferencia podría tener otros orígenes. El estar expuestos a la violencia constante en los gobiernos de-facto. Esto enturbió la vida política por más de 50 años. Generó una cultura de miedo, que incapacitó la sana participación en la vida política del país. Aunque esto influye, debemos resaltar el hecho que esta circunstancia de desconexión social o insensibilidad ante el dolor ajeno no es exclusivo en nuestra nación. Ni es único de países con circunstancias de desarrollo social, político y económico como el nuestro. Por ejemplo, algunas naciones como los Estados Unidos padecen de esta fría circunstancia también. La actitud “Das man” deviene de la inconciencia de la persona de sus condiciones primordiales.
La otra actitud es la del “Eigentlichtkeit”, el ser auténtico y consciente de su ser mortal. Esta es una percepción de mí mismo, mis circunstancias y la realidad que me rodea. Es más una frontera común a la humanidad que me iguala a mis semejantes. Me permite sentir com-pasión por las alegrías y las penas propias y de otros. Nos transforma en verdaderos seres sociales. Es un darse a los demás tomando en cuenta mis circunstancias, como la de mis afines. Promueve el trabajo en conjunto para mejorar nuestro estado actual de vida. Nos permite solidarizarnos y “ponernos en los zapatos de los demás”. Es una toma de conciencia que vamos a morir en cualquier momento. Ser finitos es inherente a nuestra naturaleza humana. Esta actitud es posible para todos. Esta autenticidad humana nos motiva a ser promotores de cambios que nos beneficien a todos. Mis decisiones se dan desde una perspectiva global.
El condolernos ante el dolor ajeno, ante la injusticia, ante los pensamientos totalitaristas es natural del hombre auténticamente social. La solidaridad nos mueve a hacer del mundo que recibimos un mejor lugar para co-existir.
Por ello, la pregunta queda en espera de una respuesta, ¿Quién eres tú?…