Con Lewandoswki, Ivanka o Manafort, Trump seguirá siendo Trump

Durante la última Convención Republicana, en Cleveland, la cuenta de Corey Lewandowski, primer Jefe de Campaña de Donald Trump, lanzó una catarata de tuits en apoyo. Hubo para todos: los delegados, para el candidato a la VP, Mike Pence, para Trump y para Don Trump Jr. Fue precisamente Donald Trump Jr. quien, el martes, había aventurado que Lewandowski habría intentado sabotear la campaña de Trump. Lo concreto es que hubo para todos, menos para Ivanka Trump, la hasta hace dos meses improbable protagonista de la campaña de su padre y de la que dicen los medios americanos, habría influido directamente en el despido de Lewandowski en junio pasado. Mientras Ivanka inclinaba la balanza en contraposición de las vociferadas de su padre, el comentador de la CNN devenido en asesor político escuchaba con atención los contrastes que tanto le hacen falta a Trump para ganar en noviembre. Frente a los insultos y comentarios racistas de su padre, Ivanka suena conciliadora, apacible, amigable y su habilidad para crear nuevos negocios, le juegan favor frente a un potencial electorado que le es esquivo a su padre: emprendedores, mujeres, millenials, latinos y republicanos new age. Dueña de una belleza casi artificial, la tercera hija del magnate llegó a decir que no se sentía ni republicana ni demócrata, algo que en cualquier otra convención –o mejor dicho, con cualquier otro discurso- hubiese sido un boleto al escándalo pero que viniendo de Ivanka Trump fue hasta celebrado.

Lewandowski es precisamente lo contrario a IvankaTrump, protagonista absoluta de la recta final de la campaña de su padre. El consejero fue quien creó al mounstruo, lo educó, le dio de roer y lo sacó al debilitado mundo de la política estadounidense, que post Obama sintió la falta de identificación con un líder. Es esa política la entró en una frenética carrera de desprestigio. En el ala demócrata Hillary Clinton aún no puede salir indemne del escándalo de su correo privado. Bernie Sanders apeló a todo su progresismo para comenzar el camino en los más jóvenes, aunque todo es incipiente. El país, mientras vive una prosperidad económica aunque sus problemas sociales son cada vez más graves, como si la sociedad hubiese involucionado. Su presidente se retirará con altos índices de popularidad y con muchos aciertos, pero no puede avanzar con leyes clave en materia sanitaria, de reforma migratoria o de portación de armas, leyes claves que le hubiesen dado cierta tranquilidad antes de enero de 2017. Además, Estados Unidos está sumido en una profunda crisis bélica. Por un lado, el acierto de Obama de reducir tropas, aunque no sea lo que –lamentablemente- quiere la mayoría de los ciudadanos ávidos por ver a Estados Unidos en el centro de la contienda y la lucha frente a los terroristas después del 11S. En todo ese contexto, Trump encaja perfecto con su retórica populista, sus discursos encendidos, su soberbia y su llamado a vencer frente al miedo que, según él, representa todo lo anterior. El que vio eso, hace muchos años, fue Lewandowski. Le dio a los ciudadanos lo que ellos más querían: Una persona políticamente ignorante, en contra de la política tradicional, que les dijera lo que tan cómodamente les gusta escuchar: los enemigos son de afuera –puntualmente, México-, hay que bombardear todo lo que se cruce en el camino (o en el de los negocios), hay que acabar con los mandatos que no son de Dios (Corey Lewanwodski fue despedido precisamente por los controvertidos y polémicos comentarios de Trump contra el aborto) y hay que hacer grande otra vez a América.

Ivanka Trump, que como millones de ciudadanos estadounidenses quizás desconozca los riesgos de que su padre sea Presidente, sin embargo tomó –hay quienes dicen- enojada, distancia de su padre. Trump sustituyó a Lewandowski con Paul Manafort, un empresario y experimentado asesor republicano. Manafort, pocos meses después de haber entrado de lleno en la campaña, también tuvo que enfrentarse a la controversia destapada por los demócratas y los medios afines, especialmente el Post y el New York Times, que lo acusaron directamente de ser el nexo entre Putin y Trump en el caso de los mails en la campaña interna demócrata. Rusia, un aliado imposible e inesperado para Trump, confió en Manafort para mediar en el conflicto en Ucrania, en especial del lado pro-ruso. Como con Lewandowski, Trump se deshizo de Manafort y contrató a Sthepen Bannon y a Kellyanne Conway, también comentadora en CNN y FOX News. Bannon fue acusado recientemente de antisemita y acosador sexual, un nuevo dolor de cabeza para el neoyorquino. No hay diferencias: El personaje, con Lewandoski, Manafort, Bannon, Conway o con sus hijos, Trump es y será el mismo aunque parezca más moderado en sus embates. ¿Podrá salvarlo Conway de sí mismo? Las encuestas caen semana a semana para Donald Trump, sin embargo sus consejeros siguen apelando al voto castigo para Hillary Clinton, que aún con ventaja, no escapa a los altos valores de desconfianza hacia ella de gran parte de los ciudadanos estadounidenses. Restan cuatro meses para saber, primero, si Trump puede convivir con esas dos facetas. Y si en noviembre se da lo inesperado desde agosto de 2015, quedarán cuatro años para averiguar si el personaje efectivamente se comió a la persona y Trump se convierte en la amenaza que dice ser.